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Cada día tomamos un gran número de decisiones sin tener mayor idea si serán errores o aciertos, sólo pautan en cierta medida cuáles serán nuestros siguientes pasos, sin embargo, creo que todos caemos en algún momento en la trampa de las expectativas. Nuestra mente es capaz de captar muy poca información del total disponible, hay una infinidad de cosas de las cuales no nos damos cuenta y eso hace que en todo momento elijamos estando a la vez un poco jugados a la tirada de dados del destino.
Las expectativas hacen que tengamos éxitos y frustraciones alternativamente. Habrá mejores y peores días, pero raramente tendremos una calma extendida ni podremos ver qué puede haber más allá de lo que se puede apreciar a simple vista. La vida sería feliz si lográramos amar y aceptar cada momento sin estar demandándole una lista de resultados que nosotros quisiéramos. Luego somos los primeros en ponerle freno y rezongar a los niños que nos demandan un sinfín de cosas. Ambas cosas, aceptar y amar el momento, son difíciles, pero no aceptar a veces parece carente de sentido.
El perfeccionismo de algunas personas se vuelca a elementos del exterior, trabajo, tareas, encuentros deportivos, resultados comerciales, sin embargo, nace de una profunda fantasía de control que sólo sería real si más que exigirnos resultados perfectos pretendieramos esfuerzos perfectos y que luego todo sea como deba ser. Puede ser divertido y motivante jugar a los maestros, pero tiene muy poco sentido si la vida nos devuelve claramente que no lo somos.
Todos tenemos mejores y peores días, y mostramos distintos aspectos de nosotros mismos en cada ocasión. No confundamos el síntoma con la realidad. Un perfecto esfuerzo puede no llevar a resultados hoy, pero ese estancamiento de un día, puede darnos el crecimiento para el siguiente, necesitamos creer en nuestra mejor versión y continuar, no caer en la desilución de simples devoluciones de momento. Sin embargo, la tarea no es sencilla en absoluto, vivimos atrapados entre un pasado y un futuro que nos exigen acción inmediata y esa acción es constantemente evaluada. Sería tan liberador salirnos de esos límites, pero nos exige fuerza y confianza que debemos entrenar.
Sobre todas las cosas, debemos aprender que la vida no es lo que la gente supone que tiene que ser, es lo que es. La manera en la que manejemos esa realidad hará la diferencia. Hay realidad dentro y fuera de nosotros, la clave está en la armonía de ambas. Las expectativas son casi naturales, lo que debemos evitar es aferrarnos demasiado a ellas.
¿Sueles caer en la trampa de las expectativas excesivas? Si eres perfeccionista, ¿exiges la perfección en los resultados o en tu esfuerzo? ¿Eres consciente de que parte de tu problema está fuera y parte adentro?

