El escritor Jim Collins, autor de “Good to great”, un bestseller dentro de los libros de gestión empresarial, sostiene que según su investigación, las empresas que lograron dar un salto de excelencia se caracterizaron por liderazgos de características especiales.
Estos líderes, entre otras características, lograban trasladar sus ambiciones desde su plano personal al de la empresa. En situaciones de éxito “miraban hacia la ventana” y responsabilizaban a otras personas, al destino, la suerte, Dios, etc… Sin embargo, en las situaciones adversas, “miraban al espejo”, marcando su clara responsabilidad por las cosas que no salieron bien.
Cuando leía estos conceptos realmente me sorprendía, ¡Qué excelente representación! El caso es que en realidad, nunca el éxito está exclusivamente en nosotros, pudimos hacer lo correcto, tomar las mejores decisiones, aportar buenas ideas, pero siempre requerimos de factores externos por sobre todas las cosas, debemos asumir con humildad que nuestro poder puede resultar muy limitado frente a las circunstancias externas. Sin embargo, nosotros por nuestra propia cuenta podemos fracasar más allá de tener absolutamente todo un contexto favorable. Podemos ser verdaderamente responsables de nuestro fracaso. Si bien es cierto que podemos fallar por causas externas a nosotros, no tenemos la capacidad para determinarlo con exactitud, y asumir la responsabilidad nos permite crecer a un nivel más allá del esperable ya que siempre existen posibilidades de superarnos.
No necesitamos ser gerentes para adoptar esta actitud, cualquiera puede adoptar esta forma de enfrentar sus éxitos y fracasos y así de a poco alcanzar la excelencia.
En tus éxitos, ¿cómo reaccionas?¿Miras el espejo o la ventana?¿y cuando las cosas no resultan?



