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“Cuando las cosas van mal no tienen el fin de llenarte de amargura y renunciar. Suceden para destruir tu vieja estructura y reconstruirte de modo de que seas tal como debes ser”  – Charles Jones

El aprendizaje de la vida va mucho más allá de cosas que nos enseñan, a veces de la manera más agradable posible. Tampoco llegará jamás a ser completo y eso es bueno, porque nos da la posibilidad de superarnos cada día y realmente ser la diferencia. Es triste ver cuando las personas renuncian a crecer por creer que ya llegaron a un nivel, que ya saben, que ya conocen. Estas personas son candidatas a enfrentar este tipo de revolcones que Charles Jones menciona y muchas de ellas se quedarán encerrados en su propio muro de lamentos.

No nos sorprende ver un alto porcentaje de personas en nuestro entorno que han perdido en entusiasmo, autojustificados en que no hay nada que hacer, que todo está mal, que nada vale la pena. Esto les da una especie de falsa comodidad, porque van a ser cola y no cabeza y porque todo el organismo se resiente con el pesar continuo y el aspecto personal se deteriora. Lamentablemente, en algunas situaciones esta amargura se vuelve altamente contagiosa y justificadora hacia otras personas.

Sin embargo, esta es una era de grandes cambios, muchas cosas que aprender, hay novedades por doquier y siempre nuevas oportunidades.

¿Experimentaste tu situación de derrumbe? ¿Elegiste los escombros  o estás dispuesta/o a una reconstrucción?