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Albert Einstein tenía su propia fórmula de éxito:
Éxito= Trabajo + Diversión + Mantener la boca cerrada
No quedan dudas que no hay posibilidad de éxito sin una ética de trabajo consistente, esta es la parte que se podría decir obvia de esta fórmula. Sin embargo, la saturación de trabajo no lleva al éxito sino a la propia saturación e incapacidad de ir a más llegado cierto punto. Nuestras energías tienen un límite y sin despejar la mente mengua nuestra creatividad y nuestra capapacidad en la toma de decisiones, llega un momento en el que nos sentimos anulados. Por esta razón, el tiempo de reposo no puede suprimirse sino incluirse entre las obligaciones.
El tercero de los puntos resulta a mi entender el más interesante. Creo que muchos sentimos gran satisfacción cuando podemos expresarnos en toda nuestra plenitud y destacarnos al máximo. El inconveniente es que cuando pretendemos dominar en un diálogo tendemos a la repetición y es altamente probable y comprobable, que caeremos en contradicciones que nos llevan lejos de la buena imagen que pretendemos dar. Además, estamos demostrando muy poca consideración para con el o los otros interlocutores. Terminamos con cansar a nuestro entorno y a la larga las consecuencias pueden ser graves. Por otra parte, es probable que no logremos respaldar en los hechos todo lo que hablamos, por lo cuál estaremos hablando de más, criticando a otras personas, comparándonos, o anunciando cosas que no se cumpliran o no cumpliremos.
Como vemos, son muchas las razones que se nos presentan para darle el honor a la otra persona de hablar. No quiere decir que permanezcamos mudos, simplemente que no monopolicemos el diálogo y que no pasemos horas de conversación sin enterarnos de lo que está pasando la otra persona.
Cuando te reúnes con otras personas, ¿quién predomina en el diálogo? ¿Te interesas por las otras personas o buscas principalmente tu exhibición?