“Sólo a través de dar, serás capaz de recibir más de lo que realmente tienes” – Jim Rohn
Podemos observar que dar a los demás cuando las cantidades son reducidas es más sencillo que hacerlo cuando las cifras crecen. Le costará seguramente más a una persona poderosa económicamente dar un 1% de su ingreso que lo que le representará la misma proporción a una persona muy pobre.
El dar permite iniciar el ciclo de recibir, suena complejo pensarlo pero todo lo que recibimos parte de alguien que nos dio y en estos ciclos se da una cierta forma de retribución que puede no ser inmediata pero si es bastante fiel. La medida del dar abre las puertas para recibir, nos llena de grandeza hasta el punto de superar el valor de nuestra existencia básica.
Existe la noción, que crece en la actualidad de decir: “me preocupo por mí mismo y que los demás se manejen como puedan, es su problema”. Lamentablemente este es el mejor camino al empobrecimiento, porque nosotros solos, por nosotros mismos valemos poco si carecemos de grandeza.
Otra ventaja de apoyarnos en esta ley de la retribución, es que paga buenos intereses, lo que damos va más allá de nuestro simple acto y rendirá multiplicado. Como beneficio adicional, es un excelente modelador del carácter, nos permite sacrificarnos por una persona o causa, darnos en fe a cierta acción y es claro que si para algo no invertimos (no necesariamente debe ser dinero), muy poco recibiremos a largo plazo más que una gran pérdida de tiempo.
La cantidad que damos no es tan importante como aquello que significa para nosotros, así se trate de dinero u otro valor, también puede ser nuestro tiempo que es bien valioso.
¿Estás muy aferrado a lo que es tuyo? ¿Estás recibiendo de la vida lo que esperas? ¿En qué forma recibiste por aquello que diste en el pasado?