No resulta un misterio el hecho de que nuestros días en este planeta están limitados, puede ser más cerca o más lejos, pero que partimos, es una realidad comprobada. Sin embargo, tenemos algunas maneras de sobrevivir en cierta forma a nuestra generación y es a partir de una herencia o legado que dejamos a quienes permanezcan cuando ya no estemos.
Este legado es la suma de cada acto y hasta cada minuto que pasamos en esta vida. No se puede lograr en un instante, pero empieza desde el momento mismo en que te lo planteas.
Todos hemos nacido con ciertas características o talentos que descubrimos en algún momento de nuestras vidas. El primer elemento de nuestro legado está en nuestros talentos, en aquellas fortalezas en las cuales nos destacamos o factores que resaltan de nosotros mismos. Muchas veces cuesta sincerarse con uno mismo, por lo cual, si tienes dudas, puede ser una labor interesante preguntarle a tu entorno cuáles consideran que son tus fortalezas.
El segundo elemento es el uso del tiempo. De cierta forma, más o menos directa, nuestra inversión del tiempo responde a nuestros intereses, y un estudio de nuestro empleo de las horas puede ser muy revelador para conocer aquellas cosas que más te atraen y sobre las que puedes enfocarte y aplicar tus fortalezas.
Con estos elementos primarios que acabamos de mencionar, deberías poder conformar una misión y visión para tu vida. Intenta resumir en una frase lo que ves como razón de tu existir, puede empezar con una estructura bastante familiar como: “Para mí, la vida es…” o “En mi vida quiero ser reconocido por…”, pero no son las únicas posibilidades.
El elemento final es tener conciencia del tiempo presente. No será en tus últimos minutos que definirás tu legado, debes empezar en este momento. Por ejemplo, si el legado que deseas dejar es tu integridad, debes demostrarla en todos tus actos de aquí en más.
¿Te interesa dejar un legado? ¿Cuáles son tus fortalezas? ¿Cómo inviertes tu tiempo?