Los seres vivientes no fuimos creados para cambios bruscos, si bien existen diferentes niveles según el caso, siempre tiene que existir un proceso de adaptación. Esta característica se aplica a cada rincón de nuestra existencia y no deberíamos de obviarla.
Las personas más ansiosas pretenden cambios repentinos y al no lograrlos suelen irritarse y abandonar. Existe en muchos casos esta misma situación encubierta, la persona muestra paciencia y voluntad, pero requiere de resultados intermedios para ver el avance. Sin embargo, en las primeras etapas de muchos procesos, no existe ninguna evidencia de evolución. Por ejemplo, en China, luego de plantar la semilla del Bambú, la tierra debe seguir trabajàndose durante 5 a 7 años antes de ver evidencias de evolución, sin embargo, este tiempo le permite al futuro árbol desarrollar sus raíces para un repentino crecimiento de unos 25 metros.
Del mismo modo es imposible pretender correr una maratón de la noche a la mañana o aprender una lengua diferente en muy poco tiempo. Sin embargo, muchas personas desestiman los logros que pueden obtener en un año y mucho más en una década.
Ron White plantea 6 etapas para implementar una adaptación gradual:
1) Establecer una visión u objetivo final
2) Entender que esto también será un desafío a la paciencia y no apresurar la llegada del resultado final
3) Plantearse etapas o niveles que en cierta forma subdividan el camino a la meta final
4) Focalizar siempre en el paso siguiente y no en el resultado final
5) Buscar mantener la motivación, la pasión y el entusiasmo pensando en la recompensa final
6) Establecer una medida de progreso
No conocer los tiempos de la propia adaptación gradual puede llevar al fracaso en diversas áreas ¿Eres consciente de tu propia adaptación gradual? ¿Sueles acelerarte? ¿Te frustras rápidamente?