Posted in noviembre 2009

La era de las emociones

Con el surgimiento y posterior explosión de los medios de comunicación(Radio, Prensa, TV),  el  estar informado de los hechos de la actualidad comenzó a hacerse corriente y en cierta forma se redujo el monto de información  que se transmitía de persona  a persona,  y el mensaje se unificó.

Con la llegada de Internet, aquella dependencia de los medios masivos se redujo gracias a la multiplicación de canales que hoy tenemos. Hasta cierto punto, en estos días podemos prescindir completamente de los medios tradicionales y elegir por similares del extranjero u otros independientes.

Hoy muchas personas se quejan de una saturación de la información, tienen infinidad de blogs para leer, canales de aire, canales de cable, canales por internet, youtube, mensajes por correo electrónico y por las redes sociales, diarios online, etc… Es por esta razón que creo que entramos en una curva que nos orienta a la selectividad cada vez mayor en la información.

Ahora bien, en toda elección personal hay elementos racionales. ¿Pero, como elegimos racionalmente entre 1000 blogs de gran nivel y a nuestro estilo, entre 45 emisoras de jazz (o el género que la persona prefiera) o cientos de reconocidos diarios mundiales de nivel?

La variable que nos queda es la emotividad, vamos a elegir en buena parte por aquello que nos sirva, pero también que nos llegue al corazón y las empresas y servicios tendrán que demostrar excelencia en diversos aspectos que iré detallando a lo largo de esta serie que espero disfruten.

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Demandas de una nueva era

En un tiempo en el cual escuchamos hablar constantemente de redes sociales, web 2.0 y todo tipo de innovación tecnológica, las mentes humanas se aproximan paulatinamente a una saturación informativa tal que pienso derivará pronto en el surgimiento de un nuevo paradigma.

Hace un par de días escuchaba en un canal de TV de Estados Unidos que en los últimos años ha caído la concurrencia a clubes deportivos, sociales, iglesias, o distintas agrupaciones. Es curioso que en la era de internet y la telefonía móvil parecemos estar cada vez menos genuinamente conectados. Podemos tener miles de contactos en Facebook o seguidores en Twitter pero, ¿cuántos de ellos se preocuparían por nosotros si enfermamos o por otra razón les necesitamos realmente?

En base al interés que me despierta este tema y el artículo de la trilogía para el éxito en los proyectos, iniciaré en un par de días una serie sobre la nueva era que se avecina y a la vez sobre los elementos que pienso determinarán el éxito de los proyectos de los años venideros.

Espero que les edifique y si están o no de acuerdo o creen conveniente agregar algún elemento, lo hagan en los comentarios.

Estamos en deuda

Me sorprendió recibir, hace casi un año atrás, unos cuantos saludos de Acción de Gracias de parte de personas que no eran de fe evangélica ni vinculadas con Estados Unidos. Sin embargo, más allá de las creencias de cada uno, muchas veces nos quejamos sin tener en cuenta una serie de factores que nos dejan en deuda con la vida.

Estamos en deuda con nuestra familia que nos trajo al mundo y en ese mismo acto con médicos, partera y enfermeros que nos atendieron en los primeros instantes.

Estamos en deuda con nuestros educadores iniciales, de primaria, secundaria, universidad y con los generadores de conocimientos. Con los autores de libros que nos enriquecen.

Estamos en deuda con quienes nos dan oportunidades, quienes nos apoyaron en alguna ocasión y nos permitieron crecer y salir adelante.

Estamos en deuda con distintos modelos que hemos tenido en nuestra existencia y aunque quizá nunca los hayamos conocido (artistas, deportistas, etc…) hoy dan fondo y figura a nuestra personalidad.

Estamos en deuda con personas y circunstancias que nos complicaron la vida, porque nos obligaron a hacernos más fuertes y llevarnos a un punto que quizá de otra manera nunca hubieramos llegado.

Estamos y estaremos en deuda para siempre, por lo pasado, lo presente y lo futuro y no nos queda menos que decir GRACIAS.

Quizá, si cayeramos en la cuenta de todo lo que recibimos, nos sería más fácil mostrar una sonrisa, aún en circunstancias difíciles, porque donde vayamos, encontraremos gente que es simplemente así, tan necesaria. Cada tanto, cada vez que tengas un mal día, te recomiendo que tan solo hagas una pausa y tomes conciencia de todo lo que recibiste. Quizá puedas ver la situación de otra manera.

Cada cuarto jueves de noviembre, no se cumple más que un recordatorio memorable, pero procura que la acción de gracias sea todos los días. Intencionalmente, esta nota no fue escrita el día 26.

Los propios parámetros del éxito

Es frecuente ver en algunas personas que existe una cierta frustración por no haber sido como tal deportista o artista o alguna persona de referencia.  Esto no es extraño porque todos aprendemos a partir de modelos,  ya sea de manera voluntaria o involuntaria.  Sin embargo, la madurez personal debería llevarnos a un autoconocimiento y por tanto al establecimiento de nuestros propios objetivos de vida.

Por alguna razón u otra vemos que las personas evalúan su éxito o fracaso en comparación con otros sujetos, sin embargo, no están siendo justas consigo mismas ya que no son esas personas a las que buscan alcanzar en objetivos. No tienen los mismos talentos, la misma disposición de tiempo, el mismo pasado, etc… Lo más grave es que de esta forma niegan una faceta auténtica de su propia forma de ser a la que no dan atención al poner la mirada en los demás.

Para establecer parámetros propios de éxito es fundamental estudiar a fondo la situación personal y el contexto. Entender que existen antecendentes de ciertas características y un presente que son diferentes de todas las demás personas. Las circunstancias nos definen en gran manera y también nos ponen a prueba.  Del mismo modo es importante tener claro qué es lo que pretendemos de nuestra vida y por qué son importantes nuestros objetivos para nosotros y no son simples caprichos de ser como otros.

¿Te riges por tus propios parámetros de éxito o buscas alcanzar un modelo en especial?

La sutil influencia de nuestro entorno

Es claro que no vivimos en una isla desierta, más bien,  por el contrario, vivimos en un mundo  donde se multiplican día a día las fuentes de información a las que a tenemos acceso tanto de manera voluntaria como involuntaria. Las personas que nos rodean habitualmente y a lo largo de un cierto tiempo van dejando huella en nosotros y muchos de sus elementos se apegan a nuestra existencia. Es un proceso de modelaje muy pero muy sutil que vamos adoptando sin darnos cuenta.

Este proceso es natural y saludable porque en nuestras primeras instancias tenemos necesidad de adoptar ciertos modelos. Los inconvenientes comienzan cuando determinamos una visión para nuestra vida y el entorno nos impregna detalles que juegan en contra de nuestra proyección personal. Cuanto más cercanas son estas personas más nos influyen, pero también dejan su marca aquellos modelos que admiramos, por ejemplo a través de los medios, o líderes de algunas instituciones.

Es necesario preguntarnos, ¿qué características tiene el entorno que nos rodea? Es bueno formar una idea global de esto para tener una idea cierta. Otra pregunta es, ¿de qué manera ese entorno está influyendo en mi vida? Luego, teniendo en cuenta este análisis y en comparación con nuestros objetivos, preguntarnos si realmente esta influencia nos favorece, si está bien dejarnos influir o hay elementos de los cuales en el futuro es probable que terminemos arrepintiéndonos.

No sería correcto marginarnos de personas cercanas porque su influencia no sea la mejor a nuestros objetivos. Es probable que estas personas tengan buenas intenciones y no tengan la voluntad de confundirnos o perjudicarnos en modo alguno. Sin embargo, hay influencias realmente nocivas que sí podremos evitar y sin duda podemos filtrar mucho de lo que llega a nosotros por los medios.  Muchas veces basta con estar alerta ante éstas para apartarlas a un lado y no dejar que nos afecten.

¿Estás transformándote en quien quieres ser o a veces el entorno te lleva por otro camino?

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Trilogía básica de un proyecto exitoso

Tener ideas es algo fantástico, son el motor de todo proyecto y de todo lo que vemos hecho por la mano del ser humano en este mundo. Sin embargo, actualmente se dan dos factores que requieren dar unos pasos más allá: La inmensa diversidad de ideas y proyectos y dentro de ese contexto una competencia feroz entre los mejores. Por eso quiero destacar hoy tres elementos básicos para un proyecto viable en estos tiempos.

Primero que nada es una meticulosa organización, tanto de los tiempos de trabajo, como de los recursos tanto económicos como materiales e intelectuales para llevarlo a cabo. Las intenciones pueden ser excelentes, sin embargo siempre dependen de un gran número de factores que tienen que armonizarse debidamente para que el valor resalte.

En segundo lugar, nuestro proyecto debe tener una marca propia, un sello que se acomode a nuestra esencia de manera tal que otros encuentren dificultad para hacerlo mejor. Nos pueden competir en tiempo, recursos u otra forma de poder, pero la idea exacta que nace de lo profundo de nosotros no es fácilmente accesible.

Por último quiero destacar un elemento fundamental de esta era, el ingrediente clave y definitorio: Superar las expectativas. Cuando nos lanzamos en nuestro proyecto, la respuesta de que debemos buscar es “Guau!” Si observamos bien, así funciona el periodismo, una noticia que no da que hablar no compite en los escasos minutos de un informativo cargado de temas. Cuando superamos expectativas las personas sienten deseos de comunicarlo y la onda expansiva puede llevarnos muy lejos.

 

¿Qué proyectos tienes en mente actualmente? ¿Cumples con estos tres elementos?

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Perfección postergada

Procrastinar, del latín “procrastinare”, no significa otra cosa que diferir o aplazar. Aunque parezca extraño, los más perfeccionistas son los principales candidatos a procrastinar. En busca de su incondicional perfección se extenderán desmedidamente en alguna tarea y postergarán todas las demás. Es probable que les escuchemos decir que surgió algo inesperado que alteró su cronograma y por tanto no cumplieron a tiempo. Raramente reconocen una responsabilidad personal en el atraso ya que acusan a causas externas.

Si bien hay quienes piensan que los procrastinadores son perezosos y especialistas en perder el tiempo, esto no suele ser frecuente. Son personas que tiene escasos momentos de calma y suelen terminar su jornada agotadas. Argumentan, por lo general, que su agenda está colmada y son muchas sus responsabilidades, sin embargo, ellos suelen ser los autores de dicha sobrecarga.

La única manera de evitar estos embotellamientos en la vida personal y no postergar, es asumir que todo no puede hacerse de una vez, que las cosas pueden llevar màs tiempo del que estaba previsto y que no alcanzaremos la perfección.

 

¿Tiendes a procrastinar? ¿será que eres perfeccionista?

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Abejas, moscas y nosotros

Si ponemos abejas en un vaso y orientamos su fondo hacia la luz, las abejas nunca saldrán del recipiente. Están genéticamente programadas a orientarse hacia la luz y repetir la acción. Sin embargo, las moscas no poseen esta característica, intentarán una opción u otra y al cabo de unos minutos encontrarán la salida.

Las personas actuamos, en muchas ocasiones, de manera similar a la de las abejas, nos orientamos sistemáticamente hacia lo que vemos con claridad y no exploramos otras opciones. En este caso no es que exista una programación genética sino otros factores que nos llevan a actuar de esta forma, puede ser miedo al fracaso, presiones, ansiedad, evitar situaciones dolorosas, etc… Lo cierto es que de esta manera lo que logramos es quedar bloqueados en las circunstancias aunque esto de por sí nos haga bastante infelices, de hecho, nos adaptamos, al cabo de un tiempo nos resulta familiar.

A no ser en casos excepcionales, el ensayo y error, es el único camino que conlleva a un verdadero avance si de aplican en cada intento los ajustes correspondientes, ningún humano es tan sabio como para reconocer los caminos exitosos de un vistazo, sin embargo por intentos es que se llega y es mejor intentar y fallar que ni siquiera arriesgarnos al error.

¡Inténtalo, cámbialo, hazlo!

Soluciones para tiempo de cambios

“La evaluación de un producto o servicio se mide por el éxito de todos aquellos que lo han comprado” –  Jan Gunnarsson & Olle Blohm

Estamos en un momento de cambio constante en el que nos encontramos con el desafío de adaptarnos cada día a un mundo con características y demandas diferentes.Lo que en un momento nos sirvió o al menos nos conformó, nos satisfizo o nos fue útil, puede no resultarnos una solución

Hubo un momento en que a las empresas les era suficiente con entregar un producto que funcionara en tiempo y forma. Con estos requisitos mínimos y obvios era suficiente para las compañías que contaban en aquel entonces con el poder suficiente y relativamente poca competencia.

Con el paso de los años tal comodidad se fue perdiendo, surgieron nuevos jugadores en el mercado que exigían a las empresas pequeños ajustes para mantener sus posiciones.

En los tiempos que vivimos, ese modelo del valor agregado también ha caducado. Vivimos una era de precariedad y modelos frágiles que cambian muy rápidamente hasta el punto en que no podemos llegar a definir claramente un determinado período porque antes de ellos los parámetros habrán empezado a cambiar.

Por tanto, en la actualidad no alcanza con tener a los clientes medianamente satisfechos con aquello que les ofrecemos. Debemos proveerles una solución (más que un simple producto o servicio) para adaptarse con éxito a los cambios. Ya no trabajamos para el cliente, sino con el cliente, le acompañamos en el proceso.

En la práctica esto representa un desafío a las empresas que necesitan optimizar al máximo sus recursos para cumplir este objetivo. Podemos ver empresas como Google como se comprometen con este cometido. A Google le hubiera bastado un servicio de correo con 10 MB de capacidad y un bonito diseño para ofrecer más que Microsoft con Hotmail o que Yahoo. Sin embargo, ofreciendo en aquel entonces 1 GB, no mejoró el problema de capacidad en la casilla, sencillamente lo solucionó y se encargó de anunciarlo en su página de bienvenida “Nunca más tendrá que borrar un mensaje”. Además, no sólo solucionó ese problema, creó una solución general que combinó el correo electrónico con la mensajería instantánea, un sistema de etiquetado de mensajes, un sistema de búsqueda dentro de la casilla combinado con la búsqueda de red y muchos servicios más.

Si bien mencionamos Google, son muchas las empresas que hoy aplican esta perspectiva. Sin embargo, el período de recesión y crisis que se hizo fuerte en 2008 dejó al descubierto muchas compañías que no parecían preparadas para estos tiempos.

“No ha hecho nada con el objetivo de venderme cosas de su negocio, pero me ha enseñado la lección de ventas más importante de mi vida porque su única preocupación fue mi bienestar y el éxito de mi empresa.”Jim Penman

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Hacer la diferencia

Muchas veces vemos personas y empresas cuyo argumento central se basa en ser diferentes. Por lo general, en estos casos la diferencia se presenta como una ventaja competitiva. Son varios los que se autoengañan con que llamar la atención por el simple hecho de no ser como los demás les dará rédito.

Lo cierto es que vale la pena ser diferente, pero sólo si implica parámetros superiores en cuanto a lo profesional o a nuestra actitud. Si nos destacamos por tratar a los animales como personas y las personas como hermanos. Si presentamos mayor higiene y prolijidad dentro de un determinado grupo. Si ofrecemos dar más en servicio de lo que esperamos recibir como pago. Si aceptamos el desafío de correr un cierto riesgo. Si somos prontos a observar, escuchar y comprender antes de emitir un juicio.

Más allá de estos y algunos otros elementos favorecedores, la diferencia se vuelve extravagancia y muestra quizá de poseer escaso juicio y revela algunas claras falencias en nuestra persona que nos llevan a buscar un atajo para destacarnos. Es claro que diferenciarse por ser mejor lleva su tiempo y esfuerzo.

¿Te sientes tentado a mostrarte diferente con el mero fin de llamar la atención? Puedes intentar evocar las situaciones en las que esto te sucede para revelarte una debilidad sobre la que puedas trabajar.

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