Publicado en 3 noviembre 2009

Hacer la diferencia

Muchas veces vemos personas y empresas cuyo argumento central se basa en ser diferentes. Por lo general, en estos casos la diferencia se presenta como una ventaja competitiva. Son varios los que se autoengañan con que llamar la atención por el simple hecho de no ser como los demás les dará rédito.

Lo cierto es que vale la pena ser diferente, pero sólo si implica parámetros superiores en cuanto a lo profesional o a nuestra actitud. Si nos destacamos por tratar a los animales como personas y las personas como hermanos. Si presentamos mayor higiene y prolijidad dentro de un determinado grupo. Si ofrecemos dar más en servicio de lo que esperamos recibir como pago. Si aceptamos el desafío de correr un cierto riesgo. Si somos prontos a observar, escuchar y comprender antes de emitir un juicio.

Más allá de estos y algunos otros elementos favorecedores, la diferencia se vuelve extravagancia y muestra quizá de poseer escaso juicio y revela algunas claras falencias en nuestra persona que nos llevan a buscar un atajo para destacarnos. Es claro que diferenciarse por ser mejor lleva su tiempo y esfuerzo.

¿Te sientes tentado a mostrarte diferente con el mero fin de llamar la atención? Puedes intentar evocar las situaciones en las que esto te sucede para revelarte una debilidad sobre la que puedas trabajar.

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