Me sorprendió recibir, hace casi un año atrás, unos cuantos saludos de Acción de Gracias de parte de personas que no eran de fe evangélica ni vinculadas con Estados Unidos. Sin embargo, más allá de las creencias de cada uno, muchas veces nos quejamos sin tener en cuenta una serie de factores que nos dejan en deuda con la vida.
Estamos en deuda con nuestra familia que nos trajo al mundo y en ese mismo acto con médicos, partera y enfermeros que nos atendieron en los primeros instantes.
Estamos en deuda con nuestros educadores iniciales, de primaria, secundaria, universidad y con los generadores de conocimientos. Con los autores de libros que nos enriquecen.
Estamos en deuda con quienes nos dan oportunidades, quienes nos apoyaron en alguna ocasión y nos permitieron crecer y salir adelante.
Estamos en deuda con distintos modelos que hemos tenido en nuestra existencia y aunque quizá nunca los hayamos conocido (artistas, deportistas, etc…) hoy dan fondo y figura a nuestra personalidad.
Estamos en deuda con personas y circunstancias que nos complicaron la vida, porque nos obligaron a hacernos más fuertes y llevarnos a un punto que quizá de otra manera nunca hubieramos llegado.
Estamos y estaremos en deuda para siempre, por lo pasado, lo presente y lo futuro y no nos queda menos que decir GRACIAS.
Quizá, si cayeramos en la cuenta de todo lo que recibimos, nos sería más fácil mostrar una sonrisa, aún en circunstancias difíciles, porque donde vayamos, encontraremos gente que es simplemente así, tan necesaria. Cada tanto, cada vez que tengas un mal día, te recomiendo que tan solo hagas una pausa y tomes conciencia de todo lo que recibiste. Quizá puedas ver la situación de otra manera.
Cada cuarto jueves de noviembre, no se cumple más que un recordatorio memorable, pero procura que la acción de gracias sea todos los días. Intencionalmente, esta nota no fue escrita el día 26.