Los proyectos que pretendan ser exitosos en esta era deben ser dispensadores de entusiasmo.
En este momento y en los años que se vienen, un proyecto presentado fríamente tiene escasas probabilidades de prosperar por más que esté bien ideado y ajustado. Es necesario que tenga poder para movilizar a las personas, dentro y fuera de la organización. El entusiasmo interno es un combustible que impulsa el proyecto incluso más allá de sus propios límites. Cuando se contagia a otras personas (clientes, usuarios,etc…) se vuelve viral, el entusiasmo es altamente contagioso.
Un cliente que se apasiona con un producto, marca, proyecto, etc… no dudará en comentarlo con sus socios u amigos y en transmitir ese entusiasmo. De esta forma la viralidad podrá imponerse sobre la inmensa cantidad de opciones disponibles y lo más importante es que el interés es genuino, no impulsado por una intensa y onerosa campaña publicitaria.
Si tu proyecto no te despierta pasión y no está diseñado para entusiasmar a los demás, tiene gran riesgo de naufragar por el camino.