La era de las emociones – parte VII: Personas

La tecnología introduce cambios pero no sustituye de ninguna manera al elemento humano. Las computadoras no compran, no toman decisiones, no razonan.

Un error frecuente en esta era es creer que todo se puede hacer mediante computadoras o mediante internet. La distancia no es un elemento demandado en este momento. La tecnología permite hacer grandes cosas y hasta maximizar talento humano, ahorrar tiempo e ir más allá de las energías físicas naturales, pero no crea proyectos, ni ideas, ni los lleva a su realización.

Las nuevas posibilidades de comunicación, maximizadas gracias a Internet, no aumentan la calidad de las relaciones de por sí. Permiten presentar productos las 24 horas del día, con demostraciones interesantes y a todo el mundo en simultáneo. Sin embargo, no proveen un verdadero servicio, no llenan necesidades de fondo.

Cuando generamos un proyecto, idea, producto o lo que sea debemos contar con personas. Cada una (cada cliente, cada trabajador) viene de un origen diferente y llega hasta la realidad que le presentamos. Si no llegamos a las personas, si no establecemos una adecuada relación, no contaremos con buenos colaboradores ni con clientes – amigos.

Si se trata de organizaciones, el liderazgo se vuelve un elemento fundamental. El buen líder “hace” a las personas, le hace relucir en todo su potencial, hasta un punto que ni ellos mismos conocían. No consiste en una simple fuente de autoridad con poder para ascender o despedir, es un servidor ejemplar que se dará a la causa y el bien de la organización y quienes forman parte de ella.

En el momento de reflexionar sobre este punto, pensé que quizá estaba siendo obvio. Sin embargo, cuando comparamos esas empresas que viven en conflicto y con aquellas que muestran una organización cohesiva sentí que debía resaltar este elemento.

En todo proyecto, por más personal que sea, debemos plantearnos las siguientes preguntas: ¿Con quien voy a trabajar? ¿qué equipo voy a conformar (para trabajar, para promover)? ¿con qué contexto social voy a trabajar? Y sin duda, la pregunta clave: ¿A QUIÉN VOY A SERVIR CON MI PROYECTO?


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