Debo reconocer que me resultó difícil titular esta parte de la serie. Por las dudas cabe aclarar que nada tiene que ver esta idea con cualquier agresión ni la más mínima incitación a la violencia.
Al hablar de agresividad me refiero a una postura definida y para nada tibia, ciertamente alejada de la moderación. Entiendo que este tema puede ser muy polémico, sin embargo, en esta era es virtualmente imposible tener un enfoque general, que busque agradar a todos, se perderá en el inmenso mar de propuestas. Treinta años atrás (o más) el objetivo podría haber sido el contrario, buscar la moderación y la aprobación mayoritaria. Sin embargo los contextos han cambiado, principalmente se percibe una tendencia progresiva y en aumento a romper con las cosas establecidas a lo largo del tiempo.
Tenemos un ejemplo claro en las campañas publicitarias, han pasado de la simple mención o el discurso muy abarcativo a una disposición al quiebre del vocabulario y los estilos tradicionales. Lo mismo sucede con los comunicadores de los medios masivos, con los nuevos diseños de la moda y se podrían buscar muchos ejemplos más.
Las ideas que busquen dejar huella en estos tiempos deben primero que nada romper con las estructuras, su propio mensaje tiene que ser noticia. En todos los ámbitos existen de las más diversas propuestas, todas con sus matices, por eso, el mensaje debe ser potente y fuertemente dirigido. Sobre todo si nos dirigimos a un público más joven es importante demostrar que no hay miedo en enfrentar a lo establecido. En segundo lugar, es importante la búsqueda de la audacia, no todos los intentos darán buenos resultados, pero expandir los límites y explorar en lo desconocido puede, en su momento, pagar excelentes dividendos.