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Seguramente, muchos de ustedes noten la rapidez con la que suceden los cambios hoy en día. Si no se adaptan mucho a la tecnología, notarán que cuando aprenden a manejar un teléfono o reproductor de música, al poco tiempo surge uno que lo supera y torna al anterior obsoleto.
Es evidente que los tiempos se han acelerado últimamente, todo lo que antes solía perdurar un poco más, desaparece o se vuelve antiguo al poco tiempo. No podemos evitar los cambios, no podemos enlentecerlos tampoco. Sin embargo, sí se los puede reenfocar, buscar comprender de otra manera y en cierta forma anticiparnos a algunos de ellos.
Los cambios no se dan porque sí, hay fuerzas y un sistema que los fomenta. En muchos casos no podemos ver esas fuerzas y la evolución que vemos no es más que la punta del iceberg. Sin embargo, si somos observadores podemos alcanzar de cierta forma una comprensión más amplia de la naturaleza de los cambios.
Cuando notamos una evolución, como por ejemplo podemos citar el caso de la tecnología, podemos identificar tres parámetros. Uno de ellos es la rapidez. ¿Es un cambio que se da rápido? ¿Es paulatino? En los últimos días, sobre este asunto he reflexionado en algunos aspectos de los medios, como la televisión por abonados. Hoy por hoy, hay muchas alternativas a pagar una mensualidad por un paquete de canales de los cuales la mayoría omitimos o no permanecemos en ellos más que un minuto o dos al mes. En Estados Unidos y otros países ya hay sistemas de TV que se acercan por otros medios (iPad, Roku, Kindle, Nook, etc…). Ya existen grandes cadenas que brindan lo mejor de su programación por internet. Hay un cambio que se está dando y es claro, la velocidad es relativa y distinta según los países.
Otro de los parámetros es la dirección. ¿Hacia dónde va la evolución? Hay casos muy evidentes, creo que a nadie se le ocurriría fabricar hoy en día cintas magnéticas de audio o VHS.
El tercer parámetro es más complejo, es la lógica en la que se dan los cambios. Esto incluye el contexto social, tecnológico, económico, etc… Esto define las fuerzas que permiten o dirigen en cierta forma la evolución. No resulta sencillo comprender esta lógica completamente, pero todo tiene su contexto, lo veamos o no.
Por último, en todos los casos, hay elementos que permanecen estables, cosas que son así hoy y siempre han sido así, o han evolucionado hasta cierto punto y no han ido más allá. Esto es importante porque son principios inmutables que son cimientos y su presencia o ausencia determinan los contextos en los que se dan los cambios. No podemos comprender una situación determinada o una evolución sin comprender aquellas cosas básicas e imprescindibles.