En varias ocasiones quise escribir sobre este tema. Normalmente tomo nota de algo que quiero comunicar, escribo una frase a modo de resumen en mi celular y luego de un rato, cómodo y en mi casa, simplemente me siento y lo escribo. ¿Por qué no lo hice con este tema? Sencillamente, porque es realmente obvio. Entonces, ¿por qué lo hago ahora? Porque lo verdaderamente obvio, es que una y otra vez caemos en el mismo error. Hay quienes son más conscientes de esto, pero creo que todos, en un momento de “distracción” cometemos este error.
Muchas veces crecemos y vivimos pensando que la vida de ajusta a nuestra norma. Que todo tiene que ser como nosotros queremos y así es como nos enojamos con la vida, y con las personas que nos rodean. En algunos casos, ciertos ataques de ira generan severos daños a personas, familias y objetos. Todo, por la infantil suposición de que las cosas deben ser como nosotros queremos.
Es un mal frecuente en estas generaciones que a los niños no se les enseñe a manejar sus frustraciones por su cuenta y que los “NO” duren hasta que alguien no resiste ver al niño enojado. Sin embargo, la idea aquí no es hablar de psicología infantil, sino del error en el que una y otra vez caemos los adultos con pequeños desvíos de conciencia.
Personalmente, reconozco que sé, que el mundo no se ajusta a lo que yo quiero. Sin embargo, también reconozco que algunas veces se me olvida y me veo queriendo imponer conductas o ciertos sucesos hasta que en el primer momento de calma, mi ser interior me envía un tirón de orejas espiritual. A grandes líderes, personas de gran temple les sucede lo mismo, cuando a veces se desenfocan de su ser y creen que la existencia en general les pertenece.
Muchas personas tienden a ese apego a los resultados que es una verdadera fuente de insatisfacción con consecuencias muy diversas, desde un mal humor, una pelea o deseos de terminar con sus vidas o las de los demás. Además, esto conlleva a un sinfín de errores, porque se toman decisiones con la mente agitada y con el mero fin de reaccionar ante un resultado adverso. Nos volvemos totalmente controlados por el entorno, perdemos nuestra esencia, se nos va la gratitud por lo que tenemos y nos despedimos de muchas gratificaciones.
No es en absoluto sencillo y requiere de una conciencia inmensa de lo que pasa en nuestra mente controlar este capricho. No creernos que somos lo que pensamos. Nuestra mente funciona sola, si no me creen, intenten cerrar los ojos y permanecer unos 20 minutos con la mente en blanco y a no ser que estén realmente bien entrenados, se encontrarán con los más diversos pensamientos desfilando atractivamente ante ustedes y de un momento a otro, se sorprenderán dialogando con vuestros propios pensamientos.
En conclusión, tenemos un ego tramposo pero si nos acostumbramos a ser sus observadores en vez de sus cómplices, nos enojaremos menos, seremos más eficaces y tomaremos las mejores decisiones. Esto no se va a lograr de un día para el otro pero los beneficios son realmente inmensos y nos sentiremos mucho más saludables.
¿Caes en la tentación de querer que las circunstancias se ajusten a tu norma? ¿Con qué frecuencia? ¿Piensas que puedes controlarlo? ¿Crees que te beneficiaría?