Es frecuente hablar de estar activos como algo saludable. Normalmente se habla de cierto tipo de actividad con parámetros claramente limitados y sobre ella hay un juicio de actividad positiva y/o negativa. Muchas personas se ven en la necesidad interna de estar activas para combatir con altibajos anímicos o sentirse últiles. Ahora bien, esta actividad, ¿representa verdadera acción?
Las actividades pueden volverse fácilmente automáticas, rutinarias y ausentes de todo compromiso personal. Sin embargo, cuando hablamos de acción, hay una intención de fondo, y una intención que surge de un estado mental y espiritual determinado. Muchas personas se sumergen en múltiples actividades para evitar la acción, ya que detrás de cada acción hay un encuentro con uno mismo y una decisión a tomar, y no siempre nos es grato ese viaje interior. Soren Kierkegaard decía que no decidir, o en este caso no actuar, también implica una acción con sus correspondientes consecuencias.
Los pasatiempos y algunas actividades de entretenimiento pueden ser importantes como distracciones para luego volver a enfocarse. No todas las personas pueden mantener un grado de concentración tan elevado para conservarse enfocados en lo que consideran que deben hacer y allí esos pequeños cortes pueden ser de gran ayuda. Lo mismo sucede cuando nuestras mentes se enroscan en cadenas de pensamiento que resultan círculos viciosos que no ofrecen ninguna salida y sólo generan más ansiedad y angustia.
A diferencia de los demás animales, los seres humanos tenemos poder de acción voluntaria e independiente, aunque algunos teóricos hagan énfasis en cierto determinismo, siempre nos queda un porcentaje de decisión. Sin embargo muchas veces renunciamos a esa facultad y nos embarcamos en actividades que en muchas ocasiones resultan nobles y no parecen pérdidas de tiempo, pero a la larga lo son, porque carecen de nuestro compromiso. No tienen origen en nuestra propia intención y decisión consciente y en muchos casos son decisiones de terceros en las que nos involucramos por una razón u otra, dejando de lado nuestra perspectiva personal, nuestra verdadera intención e impulso individual. Naturalmente, muchas de nuestras actividades diarias tienen un atractivo, nos sacian momentáneamente y le hacen creer a nuestra mente que está activa, cuando realmente está envuelta en un círculo que tiene que ver más con los demás que con nuestra propia esencia.
Cabe aclarar que no todas las actividades poseen esta característica de ser ajenas. Somos libres de participar en las actividades que querramos pero, ¿hasta donde debemos dejar el enfoque de quienes somos? Creo que deberíamos en esos casos preguntarnos, ¿cuál es mi razón para estar aquí? ¿Tengo alguna misión a cumplir? ¿Hay algo aquí que venga a aprender? ¿Hay alguien aquí a quien pueda servir? Les garantizo que plantearse estar preguntas puede ser interesante realmente. Mi recomendación es plantearlas por escrito y dejarlas allí, como en remojo, y al día siguiente, luego de descansar, escribir una bonita respuesta.Creo que podrían sorprenderse de lo que salga de ustedes.
Les invito a analizar a conciencia nuestras vidas, ¿cuáles son nuestras actividades? ¿En qué situaciones tomamos acción y en cuales decidimos no tomarla o hacernos creer que no la tomamos? Si actuamos con conciencia seremos mucho más productivos y quizá algún día tengamos la certeza de que nuestro pasaje en esta vida no ha sido efímero.