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alegría, anticipación, exigencia, expectativas, frustración, motivación, resultados, visión
Quienes conocen mi casa saben que en una de las habitaciones tengo una pizarra. Hace años que la tengo y en verdad cuando la compré era porque estaba cansado de tener hojas con mi planificación por todas partes y pegarlas en la pared dejaba manchas. En mi pizarra hago mi plan del día, cosas que quiero tener presentes, algunos temas que reflexionar, etc… Hay días que no escribo nada o que queda escrito lo del día anterior.
Siempre me gustó este momento de planificación en la mañana o al levantarme, que no siempre es tan temprano. En los primeros años, mi plan estaba cargado de expectativas. O sea, lo escribía como una lista de cosas que estaban en el debe. Luego al caer la noche, llegaba el autorreproche si algo no se cumplía de manera acorde con mis expectativas, aunque lo que se dio quizá era mucho mejor.
Como he comentado en otras ocasiones, lo paso genial jugando con los niños. En una observación cuidadosa veo que hay algo que diferencia claramente a unos de otros. Muchos se anticipan, sobre lo que van a jugar, el paseo que van a hacer, lo que van a comer, etc…, sobre todo los más pequeños. Otros por su parte se vuelven sumamente expectantes, sobre todo a medida que crecen. Sin duda, la anticipación parece motivante y feliz, mientras que la expectativa más temprano que tarde se vuelve frustrante.
En los adultos pasa algo parecido. Por lo general, a medida que crecemos, nos movemos más por expectativa que por anticipación y así perdemos muchas veces la alegría y la magia. Es un proceso general del crecimiento y va de la mano de perder nuestra espontaneidad y volvernos cada vez más condicionados. Por algo será que los grandes maestros de la historia nos hablan de volvernos como niños, y no es por inmadurez o falta de experiencia.
Básicamente, dejamos de ser nuestra esencia para ser lo que nos imponen, dejamos la visión por la satisfacción a corto plazo que le exigimos a nuestro entorno, con una ilusión inmensa de controlar cada situación. Las buenas noticias son que, a conciencia, podemos volver a nuestra visión esencial, podemos motivarnos y anticiparnos y dejar de esperar resultados específicos que claramente limitan mucho de lo bueno que la vida nos puede dar. Cuando de chicos esperábamos la sorpresita al final de la fiesta (y eran cosas de realmente poco valor que se compraban casi por lote), ahora tendemos a esperar y demandar lo que queremos con la condición de enojarnos terriblemente si eso no se nos da.
La invitación en este día es a recuperar esa visión interna, que no necesita tantas palabras, que la podíamos tener a los 4 años, a anticiparnos a todo lo bueno que podemos esperar sin resultados específicos, dejarnos sorprender. De adultos tenemos otras ventajas. Nuestra experiencia puede sumar a esa visión. Así podemos crear una visión que nos inspire y que se inspire en nosotros. Una visión que nos haga vibrar como esa canción que hace años que escuchamos y tanto nos gusta, quien sabe por qué motivo. Esa visión que nos hace recordar todo el tiempo quienes somos, que tiene sabor a nosotros, que lleva nuestra marca, hasta el punto de que nos llene de anticipación solamente llevarla a la práctica y que deje de ser tan importante lo que pueda suceder.
Cada ser vivo tiene parte de ese gran conjunto que es la conciencia universal, unos ven más, otros ven menos. El mundo entero, tiene derecho a ver lo mejor de nosotros, nuestra visión en acción, que es única, especial y nuestra.