Amorosa duda

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El novelista mexicano Octavio Paz decía que el amor es un intento de penetrar en el otro ser, pero que sólo era exitoso si la entrega era mutua. Entendiendo que Paz era un célebre novelista, seguramente tuviera el concepto de entrega que manejan las novelas y que se ve en unos pocos casos de la realidad.

Por lo general, el concepto novelista de la entrega es el del abandono de todo lo que es propio para darse por entero a la otra persona, y por supuesto el otro corresponde de la misma manera. Realmente no sé si ese es el pensamiento real de Octavio Paz pero si leen las novelas románticas o ven telenovelas, es probable que compartan el concepto de entrega que planteo en las primeras líneas de este párrafo.

No voy a afirmar que estos casos no existan ni que puedan ser exitosos. Creo que el amor no es éxito ni fracaso, simplemente es, lo que puede resultar exitosa es la relación. Pienso además, que en estos casos, las personas no se permiten dudar, la confianza y por tanto la química parecen ser absolutas y manejan la incondicionalidad sin cuestionarse si estarán aptos para manejarla. En muchos casos se ven de estos romances que terminan en fugaces casamientos y al poco tiempo demuestran que jamás se permitieron dudar, y la realidad les devolvió algo que no se planteaban y hasta cierto punto no quisieron plantearse. Creo que la entrega no pasa por abandonar todo y darse al otro, sino por entregarse en aceptar al otro tal como es y no buscar cambiarlo ni condicionarlo. Seguramente Paz y otros novelistas románticos aplicaban estos conceptos a las relaciones amorosas, pero se aplica a todas las relaciones interpersonales. Se aplica también a nuestro trabajo si trabajamos directamente con personas como compañeros y también a quienes trabajan individualmente porque generan un producto o servicio para otra persona. Siempre tenemos que tener presente que la pintura no es el pintor, sino parte de la inmensa potencialidad de su expresión y que no se trata de ser libres de algo o de alguien, porque en verdad ya lo somos, sino de ser libres para tomar tales o cuales decisiones.

Por estas razones creo que si bien el filósofo francés René Descartes decía “dudo, por tanto pienso, y porque pienso existo” se limitaba a su visión racionalista y que existimos tanto o más cuando no pensamos, dudar es importante para plantearse si realmente podemos manejar la entrega entendida como la aceptación del otro tal cual es. Además de pensarlo, tenemos que aprender a sentirlo como sentimos la música aquellos que nos gusta. El poeta inglés Andrew Marvell decía que la música era un mosaico en el aire. El mosaico es una composición de partes de piedra y a veces madera que conforman una figura o lo que sea que el artista quiere mostrar. Nosotros pensamos que algo esta bien, ¿y como lo sentimos? Si fuera música, ¿qué musica nos transmite? Malcolm Gladwell en su libro “Blink” nos muestra como el acierto no pasa sólo por los sentidos sino por la combinación de estos con una sabiduría interna reflejada en forma de sentimiento, vibración, etc…

Entiendo que algunos puntos de este artículo pueden resultar polémicos, pero no son más que apreciaciones personales, siéntanse libres de establecer sus diferencias. De paso, saludar a Octavio Paz, René Descartes y Andrew Marvell por su cumpleaños, donde quiera que se encuentren.

Jugar a los científicos (y volvernos nuestros maestros)

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Cuando uno trabaja en el entorno de la salud, básicamente mental en mi caso, se encuentra  frecuentemente con el dilema de la ciencia versus la espiritualidad.

La formación de los psicólogos, en la mayor parte de los países es sino científica, muy dogmática y a duras penas si pude rescatar unas gotas de espiritualidad a lo largo de mi carrera. Sin embargo, quienes me siguen saben que mi camino es bastante distinto y conocen algunas de mis experiencias que me hacen volcarme claramente a lo espiritual, aunque una espiritualidad práctica.

Personalmente, creo que la dualidad no es tal. Creo que en el fondo la ciencia es la aplicación práctica de la fe. Todo lo que se somete a pruebas científicas, a no ser lo que se descubre por accidente, surge de al menos una fe pequeñita, no sé si del tamaño de un grano de mostaza, pero seguramente no se aleje mucho. Del mismo modo, la verdadera ciencia, la que descubre verdad, es aquella que comprueba nuestras creencias.

Es mucho lo que nos enseñan y a veces se les olvida enseñarnos a hacernos cargo de nuestra vida y eso nos exige aprender por nosotros mismos. Hay gente que dice que sigas a tal maestro, o tal profeta o gurú y  no tiene la menor intención en descubras lo que puede no ir con su misma línea ideológica. Dejalos, que ellos crean lo que quieran y se hagan cargo de su vida. Por eso, nosotros tenemos la responsabilidad personal de volvernos un poco científicos, preguntarnos, ¿qué es lo que creemos? ¿Qué base tengo? Si no tengo base, ¿hay algo que me impida creer lo que siento deseos de creer? Estoy convencido que tarde o temprano la vida nos devuelve sus respuestas.

Podemos descansarnos y optar por quedarnos con lo que ya sabemos. Eso sí, cuando sientas falta de paz, falta de armonía, un desbalance de toda tu existencia. No culpes a la gente, no culpes a la vida. El Universo físico es totalmente coherente. Si no fuera así, sería un caos. Imaginemos que la ley de gravedad se fuera de vacaciones por Semana Santa, que a los árboles sanos y robustos se les diera por caerse en la mitad de la calle en un día sin una gota de viento. El desbalance está en nosotros, en nuestra ignorancia, en nuestra resistencia a aceptar lo que la vida nos presenta tal cual es.

En ese desbalance, perdemos la alegría y con eso perdemos mucha belleza. Cada quien tiene sus propios parámetros de belleza, pero los rostros llenos de frustración, quedan bastante atrás en el concurso. Ese desequilibrio nos frustra y nos hunde cada vez más, hasta el punto que terminamos dejando que nuestra mente y nuestro ser pierdan todas sus esperanzas. Ese desaliento, también es parte de nuestra ignorancia. ¿Cuántas veces dijiste “¡Guau! Esto no me lo esperaba” y sonreíste como un niño que en su cumpleaños recibe el regalo que tanto añoraba? La vida en varias ocasiones hace las veces de ese mago sorprendente, que de su galera saca lo que no imaginamos. Claro, eso, si estamos dispuestos a verlo y no estamos tan cubiertos por lo que nos pasa, lo que nos hacen, lo que nos dicen, etc…

En resumen, la elección es nuestra. Podemos elegir ser científicos verdaderos y poner en práctica lo que creemos y obtener nuestra propia verdad. También podemos quedarnos con lo que nos dijeron. Sin embargo, debemos tener en cuenta que nunca encontraremos la paz interior si dejamos que la ignorancia sea nuestro maestro.

La anticipación que olvidamos con el tiempo

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Quienes conocen mi casa saben que en una de las habitaciones tengo una pizarra. Hace años que la tengo y en verdad cuando la compré era porque estaba cansado de tener hojas con mi planificación por todas partes y pegarlas en la pared dejaba manchas. En mi pizarra hago mi plan del día, cosas que quiero tener presentes, algunos temas que reflexionar, etc… Hay días que no escribo nada o que queda escrito lo del día anterior.

Siempre me gustó este momento de planificación en la mañana o al levantarme, que no siempre es tan temprano. En los primeros años, mi plan estaba cargado de expectativas. O sea, lo escribía como una lista de cosas que estaban en el debe. Luego al caer la noche, llegaba el autorreproche si algo no se cumplía de manera acorde con mis expectativas, aunque lo que se dio quizá era mucho mejor.

Como he comentado en otras ocasiones, lo paso genial jugando con los niños. En una observación cuidadosa veo que hay algo que diferencia claramente a unos de otros. Muchos se anticipan, sobre lo que van a jugar, el paseo que van a hacer, lo que van a comer, etc…, sobre todo los más pequeños. Otros por su parte se vuelven sumamente expectantes, sobre todo a medida que crecen. Sin duda, la anticipación parece motivante y feliz, mientras que la expectativa más temprano que tarde se vuelve frustrante.

En los adultos pasa algo parecido. Por lo general, a medida que crecemos, nos movemos más por expectativa que por anticipación y así perdemos muchas veces la alegría y la magia. Es un proceso general del crecimiento y va de la mano de perder nuestra espontaneidad y volvernos cada vez más condicionados. Por algo será que los grandes maestros de la historia nos hablan de volvernos como niños, y no es por inmadurez o falta de experiencia.

Básicamente, dejamos de ser nuestra esencia para ser lo que nos imponen, dejamos la visión por la satisfacción a corto plazo que le exigimos a nuestro entorno, con una ilusión inmensa de controlar cada situación. Las buenas noticias son que, a conciencia, podemos volver a nuestra visión esencial, podemos motivarnos y anticiparnos y dejar de esperar resultados específicos que claramente limitan mucho de lo bueno que la vida nos puede dar. Cuando de chicos esperábamos la sorpresita al final de la fiesta (y eran cosas de realmente poco valor que se compraban casi por lote), ahora tendemos a esperar y demandar lo que queremos con la condición de enojarnos terriblemente si eso no se nos da.

La invitación en este día es a recuperar esa visión interna, que no necesita tantas palabras, que la podíamos tener a los 4 años, a anticiparnos a todo lo bueno que podemos esperar sin resultados específicos, dejarnos sorprender. De adultos tenemos otras ventajas. Nuestra experiencia puede sumar a esa visión. Así podemos crear una visión que nos inspire y que se inspire en nosotros. Una visión que nos haga vibrar como esa canción que hace años que escuchamos y tanto nos gusta, quien sabe por qué motivo. Esa visión que nos hace recordar todo el tiempo quienes somos, que tiene sabor a nosotros, que lleva nuestra marca, hasta el punto de que nos llene de anticipación solamente llevarla a la práctica y que deje de ser tan importante lo que pueda suceder.

Cada ser vivo tiene parte de ese gran conjunto que es la conciencia universal, unos ven más, otros ven menos. El mundo entero, tiene derecho a ver lo mejor de nosotros, nuestra visión en acción, que es única, especial y nuestra.

Lecturas alteradas, interpretaciones peligrosas

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Un hecho que es indudable es que nuestra comunicación ha cambiado notoriamente en los últimos 15 años con la proliferación de los nuevos medios digitales. Los sistemas de mensajería vía web, teléfono celular, salas de chat, redes sociales, etc, han cambiado la manera en que un gran número de seres humanos se comunican y este parece ser un cambio permanente que aún ha de profundizarse en los próximos años.

Del mismo modo que la comunicación ha cambiado, en muchos aspectos, hemos perdido herramientas para percibir de un modo más claro los mensajes que recibimos (SMS, estados de facebook, e-mails, publicaciones en la biografía, comentarios sobre fotos, entre otros). Si bien también los medios digitales se modernizan al permitir la incorporación de micrófonos y cámaras web, el lenguaje escrito se ha vuelto preponderante desde fines de los 90 esta parte. La escritura ha tomado un auge que no tenía desde la época donde las cartas eran las principales herramientas de comunicación. En este período es indudable que hemos perdido mucha información que provenía del cara a cara con la o las personas con las que hablamos. Hoy muchas personas se refieren a hablar con una u otra persona a tener un intercambio de SMS o encontrarse en un chat. Sin embargo, no hay habla y en la mayoría de los casos, tampoco hay percepción visual alguna. Esto a llevado a una libre interpretación o atribución sobre los elementos con los que ya no contamos. Nos vemos en la obligación de darle un sentido  o intención al mensaje que no siempre es el que el destinatario quiso darle.

Las letras son estáticas, sin embargo nuestros estados de ánimo no lo son y pueden llevarnos a lecturas muy diferentes de un mismo mensaje. Concretamente,  nuestros estados de fatiga extrema, miedo, ira, inseguridad, falta de confianza, irritación, ansiedad, angustia, nerviosismo y todos los estados emocionales negativos generan interferencias en mensajes de texto y nos pueden hacer caer en diversos tipos de malas interpretaciones.

a) Cuando estamos enojados o alterados de algún modo, creemos por lo general que nuestro estado es justificado. Si la persona que nos escribe no actúa en sintonía con nosotros, sentimos que no le importa y podemos pensar que está en falta o directamente equivocado. En algunos casos, nos podemos sentir dolidos por esta situación y cuando esto sucede, podemos tener tendencia a que la persona tuvo intención de herirnos o nos desestima intencionalmente. Claramente, más que estar de nuestro lado, parece un enemigo.

b) Cuando estamos anímicamente alterados tendemos a los extremos, a radicalizarnos, a usar palabras y expresiones como “nunca”, “todos”, “jamás en la vida”, “siempre lo mismo”. Eso se produce al asociar nuestra molestia presente con irritaciones de situaciones pasadas y así generalizar como que es una situación permanente. Podemos pensar que la persona “hace siempre lo mismo” o que por ejemplo, los de cierto género “son todos iguales” y que “ya no se puede contar con nadie”.

c) Cuando sentimos inseguridad o miedo tenemos la tendencia a ver algunos elementos neutros como peligrosos. Sencillamente, perdemos mucha objetividad y podemos sentirnos despreciados o atacados por datos meramente informativos y sin connotaciones agregadas.

d) Cuando nos sentimos amenazados por alguna razón, se nos dificulta comprender la perspectiva del otro y observamos todo desde nuestra perspectiva y posición de alerta al peligro, lo que nos lleva frecuentemente a realimentar la amenaza.

En conclusión, parece claro que que no siempre se puede diferenciar el intérprete de lo interpretado y que siempre tenemos que buscar más de una interpretación, si es que no podemos abstenernos de atribuir un significado que va más allá de las palabras. Pienso que antes de hacer un escándalo de reproches es mejor mirar hacia adentro y ver cuán alterados estamos y saber que en esas situaciones no debemos hacer evaluaciones a priori. Creo que es importante del mismo modo saber que los demás pueden también estar en un mal momento y estar captando un mensaje equivocado.

¿Te ha pasado alguna vez de hacer interpretaciones exageradas o poco precisas de mensajes de texto debido a tus estados anímicos?

 

No todo servicio nos sirve

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El servicio parece ser un tema central en muchas áreas. En el plano espiritual y religioso se profundiza por ejemplo en el liderazgo de servicio  en el ejemplo de Jesús. También se habla del servicio en la atención al cliente, el servicio social en términos filosóficos y políticos y también el servicio en el entorno empresarial. También se encuentran referencias en muchas otras áreas y esto ya nos habla de que es un tema de alcance realmente existencial.

Del mismo modo, el servicio tiene connotaciones de nivel social y cultural, en el Río de la Plata se habla de “siervo” en muchas ocasiones en un sentido peyorativo. También lo vemos en un sentido económico. Hay servicios por mucho dinero, por poco dinero, y servicios por simple amor, o combinaciones de estos.

Si observamos esto que venimos planteando, tenemos dos caras del servicio claramente diferenciadas. Por un lado tenemos una cara netamente positiva, llena de reconocimiento, mérito, gratitud y varias formas de valor. Y por el otro tenemos su cara negativa, el servicio visto desde arriba y que en muchas ocasiones implica una humillación, a veces de parte del que sirve, como del que es servido.

En la literatura espiritual y de gestión, el servicio es destacado y primordial. Si leemos a autores como John C. Maxwell o incluso Stephen Covey, o escuchamos declaraciones realizadas por la Madre Teresa de Calcuta, entendemos que el servicio es claramente la clave de la felicidad y la realización personal. ¿Por qué entonces nos encontramos con esa cara despectiva que muchas veces encuentra el servicio?

Existe una diferencia en las razones por las cuales servimos. Los autores mencionados en el párrafo anterior, hablan de un servicio que detecta con amor la necesidades, ya sea de una persona particular, de un mercado, de un empleado, de un patrón, de un país. Este servicio implica una empatía, una sensibilidad muy aguda de gran impulso espiritual. En estos casos vemos una gran aplicación de la ley del Karma o la Regla de Oro. Lo que damos recibimos, eso nos lleva al éxito y a sentirnos más felices.

Sin embargo tenemos otros tipos de servicio que nos conducen a todo lo contrario. Uno de esos tipos es el servicio como simple medio para conseguir dinero. Es un servicio de escaso amor, por tanto de escasa sensibilidad y compasión, no detecta necesidades profundas. Simplemente se brinda con un objetivo concreto del tipo de: “Tales tareas, tanto dinero”

El otro tipo de servicio ineficaz es la satisfacción de meros deseos y caprichos por sobre las necesidades. Ese servicio nace en muchos casos de la inseguridad, de la falta de afecto y de valor personal. En otros casos resalta la falta de sensibilidad, y la voluntad de imponerse a través del condicionamiento, o sea, poniendo hasta cierto punto al otro en un compromiso. Satisfacer caprichos sobre necesidades no nos da valor, por el contrario, en muchos casos nos hace ceder por demás, y deja al descubierto nuestra falta de confianza y manejo. Reitero, no digo que esté mal satisfacer deseos y hasta caprichos, simplemente que es poco efectivo para nosotros y para los demás anteponerlos a sus eventuales necesidades.

Los autores mencionados anteriormente hablan de servicio porque saben y se explicitan sobre lo que dicen. Considero que la clave está en ver como servimos en la vida cotidiana, si lo hacemos por nuestro propio sentido de verdad y de justicia o lo hacemos por la propia necesidad del ego. ¿Cuánto amor, sensibilidad y compasión hay en tu servicio?

Intenciones, convicciones y deseos

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Muchas veces actuamos y vemos actuar como por inercia. Cuando nos decidimos a hacer algo, el proceso no es tan simple como a veces puede parecer. Toda acción tiene tres componentes claves y si queremos buenos resultados debemos ser claramente conscientes de ellos.

¿Actuamos siendo conscientes de nuestras verdaderas intenciones, de aquellas cosas que apuntamos a conseguir con nuestro acto? Si no hay intenciones pareciera un simple gasto de energía y es realmente poco probable. Prácticamente siempre perseguimos algo al actuar. Si no tenemos claras nuestras intenciones, estas pueden fluctuar y nuestra acción sería poco dirigida. Por tanto, antes de dar el primer paso pienso que es importante tener FIRMEZA en las intenciones.

Nuestras intenciones parten de nuestra visión del mundo en un momento preciso. Esa visión obedece a un conjunto de convicciones que con frecuencia son desafiadas en el contacto con los demás. No todos piensan como nosotros ni ven las situaciones como nosotros las vemos. Sin duda tenemos razones para creer como creemos y es importante afirmarnos en eso para tener intenciones acordes, por tanto necesitamos CORAJE para mantener nuestras convicciones. Lo cual no impide modificarlas en algún momento, pero a la hora de actuar generaría una duda que quitaría fuerzas a la acción.

Necesitamos además un combustible para actuar y para impulsar nuestras intenciones y convicciones y lo tenemos en nuestros deseos. Es quizá, de los tres elementos el más complejo ya que difícilmente podemos controlarlos y a veces nos cuesta aceptarlos. No todos nuestros deseos van de la mano de nuestras intenciones y convicciones y esto puede generarnos conflictos severos. Estas contradicciones son las principales piedras para el tropiezo y por tanto, negarse a uno mismo la presencia de algunos deseos es muy poco efectivo. Lo único que podemos tener es CONCIENCIA de esos deseos. No todo lo podemos llevar a la práctica, ni por nuestro bien ni el de los otros, pero sí saber que hay fuerzas que están allí y que por más que querramos ocultarlas, tarde o temprano buscarán salir a la luz.

Teniendo claras las intenciones, convicciones y deseos, nos queda estar atentos al proceso de la acción y así afirmarnos en las razones por las cuales actuamos. Con estos elementos claros podremos reducir la presión que podamos sentir en algunos momentos y generar acciones mucho más dirigidas.

El trabajo ayuda a la pareja?

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¿EL TRABAJO AYUDA A LA PAREJA?

La publicación estadounidense Journal of Family Psychology presentó un interesante estudio realizado en base a 169 matrimonios recientes que parecería demostrar que en los casos donde las mujeres trabajaban durante largas jornadas, las relaciones eran significativamente mejores.

Me resultó interesante ya que siempre existió el dilema entre la posición más conservadora que plantea que las mujeres deben reducir las horas de trabajo fuera del hogar o directamente eliminarlas y la posición más moderna que fomenta el trabajo de la mujer. Del mismo modo, la labor de una madre de familia puede ser suficientemente extenuante en sí misma como para sumarle otra actividad agotadora, pero este estudio parece revelar que no resulta tan así. Cabe destacar que en la muestra se consideraron matrimonios con y sin niños. No queda claro qué es lo que se considera un matrimonio reciente.

El estudio, que además fue publicado en la revista Forbes el día de ayer, plantea algunas hipótesis para este resultado.

a) La carrera laboral estable aumenta la autoconfianza y esta fortalece la relación.

b) El hombre tiene que dedicarse más al hogar, las tareas se vuelven compartidas y se vuelve más útil respecto a los quehaceres domésticos.

c) El grado de ocupación equipara las relaciones de poder. Cuando el poder se reparte de manera poco equitativa pueden existir presiones y dependencia.

d) Las horas de separación diaria, de ausencia de la otra persona refuerzan el lazo.

Creo que lo que resulta claro es un cambio de paradigma en este sentido. Tener ocupaciones independientes colabora con la autonomía, el sentido de la vida y el poder de decisión individual. El modelo antiguo de familia se encuentra claramente en jaque, amplia cantidad de divorcios, violencia doméstica, roles poco claros. Este momento demanda otras cosas, ocupaciones y tiempos. Creo además que puede sensibilizar a muchos hombres con las tareas del hogar y a su vez ayudar a muchas mujeres en su autorrealización.

Metas y proyectos con sello propio

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Cuando nos creamos proyectos, ya sea para nosotros mismos o para otras personas, por lo general tenemos la tendencia a fijar metas. Las grandes empresas del mundo lo hacen y es algo comprobado que da buenos resultados, quizá mucho mejores que si no fijáramos ningún parámetro. La esencia de esta idea es saber hacia dónde se está marchando.

He aplicado sistemas de metas a muchos de mis proyectos y luego de cierta experiencia puedo decir que hay algunas cosas que decido cambiar de cara al futuro.

a) Quitarle rigidez. Cuando creamos un sistema de metas, lo hacemos con un grado de conciencia y conocimientos. Apenas empezamos a ejecutarlo, ambos tienden a cambiar. La rigidez en los planes resta creatividad y muchas veces me hicieron ignorar el factor sorpresa y sus beneficios.

b) De ningún modo atarme a resultados específicos. Esa es una forma vil de apego. La vida puede ofrecernos mucho más de lo que le pedimos, he aprendido en clara acción de gracias que la vida es a fin de cuentas bondadosa y puede darme más que mis limitados proyectos.

c) Limitar la evaluación constante. El Tao Te King dice que a veces la pérdida es ganancia y la ganancia es pérdida. ¿Qué sabemos nosotros en nuestro limitado conocimiento sobre las consecuencias de un mínimo acontecimiento? Recuerdo muchas pérdidas en mi vida que me dieron interesantes ganancias y viceversa. Incluso las derrotas que más me dolieron son las que hoy me llenan de dicha. Quiero mantener la mente tranquila y permanecer enfocado, las presuntas malas noticias de algunos de mis pasos no debo considerarlas más que aprendizajes o leves indicios

d) No pretender imponer mi norma y dejar que la vida me sorprenda, quiero nutrirme de lo que esta pueda ofrecerme, superar mis limitaciones y disfrutar del viaje.

Hay elementos de esta reflexión que pueden leerse como incoherentes o contradictorios. El asunto es que muchos de mis “proyectos originales” que fueron cumplidos, no me hicieron más feliz. Estaban cargados de metas autoimpuestas y otras que me dejé imponer. Eran tentadores en su momento pero a la hora de concluirlos parecían un vaso de agua salada en cuanto a saciar mi sed. Cumplir algunos objetivos requirió sacrificar mi esencia, libertad y creatividad. Los proyectos no fueron un fin en sí mismos.

Más allá de todo esto, creo que es importante proyectar y fijarse metas, incluso de las más altas. Lo seguiré planteando en mis charlas y artículos. Sin embargo considero que la meta real en todos los casos es el servicio eficaz, con humildad, amor, bondad, compasión, conciencia, creatividad, excelencia, libertad y superación constante.

Limitadoxia

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Hace unos cuantos años, queriendo volverme narrador de basketball decidí hacer un curso de periodismo deportivo. Finalmente esa idea quedó en la nada, pero me quedó el recuerdo de una frase que dijo Jorge Da Silveira, uno de mis profesores de aquel entonces: “Nunca un intrascendente hizo historia” (alguna palabra puede variar de la frase original).

Vaya conflicto frecuente en el género humano, muchas veces detestamos ser del montón, ser considerados como uno más, pero en la acción nos volvemos ortodoxos aunque pretendemos resultados fuera de lo común.

Si estudiamos las biografías de las personas destacadas, tenían hábitos realmente poco estandarizados, eran pautas de acción que simplemente les daban resultado. Muchas veces nos encerramos en prácticas de sistemas con el fin de asegurar resultados, sin embargo, en un mundo evolutivo, esos resultados raramente irán más allá de lo que un día fueron y puede que hasta dejen de ser efectivos.

No voy en contra de los sistemas, algunos ofrecen resultados excelentes en algunas empresas y todos necesitamos en algún momento de desorden en nuestras vidas un sistema que nos hiciera de cable a tierra. Tampoco es lo mismo una empresa o un grupo de personas que pueden tener hábitos difíciles de amalgamar que nuestra vida personal.

Existe a veces el miedo de ser diferentes, de la opinión de los demás. Es claro que a veces el hecho de marcar la diferencia puede significar llamar la atención de una manera que poco aporta, es una alerta en sí misma, es gritar “aquí estoy” por el mero hecho de que nos observen. Sin embargo, creo que debemos animarnos a probar estrategias que nos hagan preferencialmente diferentes. Eso no implica que todo lo que probemos nos resulte efectivo, hasta las grandes empresas prueban tácticas que terminan por desechar.

Queremos ponernos de pie y a la vez resguardarnos, servir mejor y a la vez guardarnos lo mejor para nosotros. Esta actitud solamente nos limita, neutraliza nuestras virtudes, talentos y esencia. Ante la diversidad que existe en el mundo con tantos polos opuestos, alguien tendrá algo para criticarnos. De hecho, grandes líderes de la historia fueron en su momento duramente rechazados y eso no les impidió seguir adelante. Creo que debemos enfocarlo con acción de gracias y seguir adelante con convicción, apuntemos a la rosa y si quieren, que sean los otros que se queden con las espinas.

Las personas exitosas no han sido ortodoxas porque no han seguido modelos que les inculcaron dogmáticamente. Quizá los aprendieron en su momento y supieron darles punto final. Hicieron lo que sintieron correcto, respetaron su espíritu y fisiología y no se amoldaron a los de otros. Respetaron en ellos mismos esa esencia única y verdaderamente especial que nos hace distintos.

¿Te has limitado con el fin de evitar repercusiones o el que dirán? ¿Las personas que admiras han sido totalmente “normales”, sistemáticas y ortodoxas o han tenido hábitos o características diferentes?

Lo que la madurez nos va dejando

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El tema del paso del tiempo, el envejecimiento, rejuvenecimiento, crecimiento, madurez, lleve el nombre que lleve, parece ser un tema central a la hora de vender productos estéticos, servicios de spa, gimnasios y demás.

En varias ocasiones podemos sentirnos igual que hace muchos años y apreciar que el paso del tiempo afectó más a otros que a nosotros, también puede suceder lo contrario. En un sentido de Marketing, rejuvenecer parece ser un tema central, frenar el envejecimiento vende.

Sin embargo, en un sentido personal, encuentro que el paso de los años nos deja algunos elementos interesantes. En primer lugar creo que ganamos en confianza, es lo que nos deja la experiencia. Desde luego que no me refiero a las dificultades de movilidad que puedan surgir entrada la tercera edad, sino que por lo general tendemos a manejar mejor algunos aspectos que antes nos costaban.

Por otra parte, creo que progresivamente le quitamos importancia a algunos errores que en su momento observamos con fatalismo. Sobre todo si fuimos muy exigentes con nosotros mismos. De un modo u otro sobrevivimos y quizá esos errores fueron fundamentales para obtener algunos aprendizajes. Si no aprendemos de nuestros errores, lo más seguro es que sigamos cometiéndolos, por tanto, la perspectiva parece cambiar en ese aspecto. Del mismo modo, es probable que terminemos por asumir que algunos errores eran inevitables dada nuestra ignorancia y les quitamos a veces el juicio de valor sobre ellos.

Finalmente, a veces no es algo agradable si tenemos un carácter de cascarrabias, pero somos más conscientes de los errores de los demás. Por ejemplo, tenemos facilidad para reconocer conductas poco efectivas de las generaciones más jóvenes, muchas de ellas nosotros las vivimos en su momento y no éramos conscientes de que no nos conducían a ningún lado.

Este aspecto de la maduración es variable entre las personas y este no deja de ser un punto de vista estrictamente personal. Además, a esta ganancia que nos da la experiencia podemos darle distintos usos, favorables y nocivos. Podemos volvernos claramente compasivos y mostrar aceptación en nuestra mirada o transformarnos en seres muy soberbios e intolerantes. Podemos aprender a ser condescendientes con nuestros actos del pasado pero no con los de los demás, negando en otros la misma ignorancia que tuvimos y el derecho aprender de nuestros errores. Lamentablemente, si esa es nuestra actitud con el paso de los años, es probable que nos hagan falta unos cuantos reveses aún, o sentir ese juicio que aplicamos en los demás, pero en nuestra propia vida.

Cada quien tiene sus tiempos, sus experiencias y sus formas de aprender. Está en nosotros comprender, ser compasivos y ayudar a los demás a ser más conscientes.

¿Cómo crees que se sienten los demás ante tu mirada? ¿Piensas que se sienten juzgados o que los aceptas así como son?

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