Grados de decisión

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Desde que comenzamos nuestra jornada estamos tomando decisiones. Aún cuando pensamos que las estamos postergando, también estamos decidiendo postergarlas. Por eso creo que analizar las decisiones que tomamos cada día es sumamente importante porque definen gran parte de lo que nuestra vida resulta y también las cosas de las que debemos hacernos cargo.

Si observamos nuestras decisiones, vamos a notar que las hay más fuertes y más débiles. Si somos realmente agudos y nos entrenamos en esto, le podemos dar un grado a la decisión, puede ser en una escala de 1 a 10 o como deseen. En base a nuestras decisiones también serán nuestras acciones. No podemos esperar que de una decisión de grado 3 o 4 tengamos una acción fuerte en un grado de 8 o 9, aunque en algunos casos pueda darse porque nos lo imponemos. Tarde o temprano nuestras acciones reflejarán la fuerza de la decisión.

Hay aquí un elemento clave a tener en cuenta, si lo observan, pueden apreciar que hay una relación entre las decisiones y acciones fuertes y los resultados que provienen de ellas. También podemos pensarlo en niveles de “temperatura”. Tomamos una decisión tibia, esta no tardará en enfriarse y con ello nuestra voluntad y empeño al actuar. A no ser que el destino nos abra las puertas sin esfuerzo, estaremos cercanos a la línea del abandono o lo que es similar, del fracaso.

No podemos obligarnos a sentir una decisión fuerte que no lo es naturalmente. Quizá necesitamos argumentos para darle fuerza y eso no siempre es una labor sencilla, sobre todo cuando una decisión implica algo que no deseamos directamente. En muchas ocasiones hay cierto miedo a tomar una mala decisión y por eso actuamos dubitativamente, hasta cierto punto queremos los resultados, o no queremos pagar todo el costo, o nos estamos obligando o directamente no sentimos lo que estamos decidiendo. Muchas de esas decisiones no son a plena conciencia, se toman porque no nos queda más remedio y creemos que podemos hasta cierto punto deslindar nuestra responsabilidad. El problema surge cuando vienen las consecuencias de esa decisión a medias y tenemos que pagar hasta su última consecuencia. En otros términos, tomar veneno decididamente o medio decididamente, va a arrojar consecuencias muy similares.

La idea que busco comunicarles es que consideren tomar todas las decisiones a conciencia y que sean decisiones fuertes. Si no tienen la fortaleza natural, buscarle la manera o la vuelta para que sí la tengan y para que recibamos algo más similar a los resultados que queremos y podemos esperar.

¿Cuál es el grado de la mayoría de tus decisiones? ¿Pagaste consecuencias no deseadas por decisiones tibias?

La peor trampa de nuestra mente

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En varias ocasiones quise escribir sobre este tema. Normalmente tomo nota de algo que quiero comunicar, escribo una frase a modo de resumen en mi celular y luego de un rato, cómodo y en mi casa, simplemente me siento y lo escribo. ¿Por qué no lo hice con este tema? Sencillamente, porque es realmente obvio. Entonces, ¿por qué lo hago ahora? Porque lo verdaderamente obvio, es que una y otra vez caemos en el mismo error. Hay quienes son más conscientes de esto, pero creo que todos, en un momento de “distracción” cometemos este error.

Muchas veces crecemos y vivimos pensando que la vida de ajusta a nuestra norma. Que todo tiene que ser como nosotros queremos y así es como nos enojamos con la vida, y con las personas que nos rodean. En algunos casos, ciertos ataques de ira generan severos daños a personas, familias y objetos. Todo, por la infantil suposición de que las cosas deben ser como nosotros queremos.

Es un mal frecuente en estas generaciones que a los niños no se les enseñe a manejar sus frustraciones por su cuenta y que los “NO” duren hasta que alguien no resiste ver al niño enojado. Sin embargo, la idea aquí no es hablar de psicología infantil, sino del error en el que una y otra vez caemos los adultos con pequeños desvíos de conciencia.

Personalmente, reconozco que sé, que el mundo no se ajusta a lo que yo quiero. Sin embargo, también reconozco que algunas veces se me olvida y me veo queriendo imponer conductas o ciertos sucesos hasta que en el primer momento de calma, mi ser interior me envía un tirón de orejas espiritual. A grandes líderes, personas de gran temple les sucede lo mismo, cuando a veces se desenfocan de su ser y creen que la existencia en general les pertenece.

Muchas personas tienden a ese apego a los resultados que es una verdadera fuente de insatisfacción con consecuencias muy diversas, desde un mal humor, una pelea o deseos de terminar con sus vidas o las de los demás. Además, esto conlleva a un sinfín de errores, porque se toman decisiones con la mente agitada y con el mero fin de reaccionar ante un resultado adverso. Nos volvemos totalmente controlados por el entorno, perdemos nuestra esencia, se nos va la gratitud por lo que tenemos y nos despedimos de muchas gratificaciones.

No es en absoluto sencillo y requiere de una conciencia inmensa de lo que pasa en nuestra mente controlar este capricho. No creernos que somos lo que pensamos. Nuestra mente funciona sola, si no me creen, intenten cerrar los ojos y permanecer unos 20 minutos con la mente en blanco y a no ser que estén realmente bien entrenados, se encontrarán con los más diversos pensamientos desfilando atractivamente ante ustedes y de un momento a otro, se sorprenderán dialogando con vuestros propios pensamientos.

En conclusión, tenemos un ego tramposo pero si nos acostumbramos a ser sus observadores en vez de sus cómplices, nos enojaremos menos, seremos más eficaces y tomaremos las mejores decisiones. Esto no se va a lograr de un día para el otro pero los beneficios son realmente inmensos y nos sentiremos mucho más saludables.

¿Caes en la tentación de querer que las circunstancias se ajusten a tu norma? ¿Con qué frecuencia? ¿Piensas que puedes controlarlo? ¿Crees que te beneficiaría?

Actividad vs. acción

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Es frecuente hablar de estar activos como algo saludable. Normalmente se habla de cierto tipo de actividad con parámetros claramente limitados y sobre ella hay un juicio de actividad positiva y/o negativa. Muchas personas se ven en la necesidad interna de estar activas para combatir con altibajos anímicos o sentirse últiles. Ahora bien, esta actividad, ¿representa verdadera acción?

Las actividades pueden volverse fácilmente automáticas, rutinarias y ausentes de todo compromiso personal. Sin embargo, cuando hablamos de acción, hay una intención de fondo, y una intención que surge de un estado mental y espiritual determinado. Muchas personas se sumergen en múltiples actividades para evitar la acción, ya que detrás de cada acción hay un encuentro con uno mismo y una decisión a tomar, y no siempre nos es grato ese viaje interior. Soren Kierkegaard decía que no decidir, o en este caso no actuar, también implica una acción con sus correspondientes consecuencias.

Los pasatiempos y algunas actividades de entretenimiento pueden ser importantes como distracciones para luego volver a enfocarse. No todas las personas pueden mantener un grado de concentración tan elevado para conservarse enfocados en lo que consideran que deben hacer y allí esos pequeños cortes pueden ser de gran ayuda. Lo mismo sucede cuando nuestras mentes se enroscan en cadenas de pensamiento que resultan círculos viciosos que no ofrecen ninguna salida y sólo generan más ansiedad y angustia.

A diferencia de los demás animales, los seres humanos tenemos poder de acción voluntaria e independiente, aunque algunos teóricos hagan énfasis en cierto determinismo, siempre nos queda un porcentaje de decisión. Sin embargo muchas veces renunciamos a esa facultad y nos embarcamos en actividades que en muchas ocasiones resultan nobles y no parecen pérdidas de tiempo, pero a la larga lo son, porque carecen de nuestro compromiso. No tienen origen en nuestra propia intención y decisión consciente y en muchos casos son decisiones de terceros en las que nos involucramos por una razón u otra, dejando de lado nuestra perspectiva personal, nuestra verdadera intención e impulso individual. Naturalmente, muchas de nuestras actividades diarias tienen un atractivo, nos sacian momentáneamente y le hacen creer a nuestra mente que está activa, cuando realmente está envuelta en un círculo que tiene que ver más con los demás que con nuestra propia esencia.

Cabe aclarar que no todas las actividades poseen esta característica de ser ajenas. Somos libres de participar en las actividades que querramos pero, ¿hasta donde debemos dejar el enfoque de quienes somos? Creo que deberíamos en esos casos preguntarnos, ¿cuál es mi razón para estar aquí? ¿Tengo alguna misión a cumplir? ¿Hay algo aquí que venga a aprender? ¿Hay alguien aquí a quien pueda servir? Les garantizo que plantearse estar preguntas puede ser interesante realmente. Mi recomendación es plantearlas por escrito y dejarlas allí, como en remojo, y al día siguiente, luego de descansar, escribir una bonita respuesta.Creo que podrían sorprenderse de lo que salga de ustedes.

Les invito a analizar a conciencia nuestras vidas, ¿cuáles son nuestras actividades? ¿En qué situaciones tomamos acción y en cuales decidimos no tomarla o hacernos creer que no la tomamos? Si actuamos con conciencia seremos mucho más productivos y quizá algún día tengamos la certeza de que nuestro pasaje en esta vida no ha sido efímero.

Cada vida, un mundo y muchas sorpresas

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En días pasados, gracias al destino (o el nombre que deseen darle) y a las redes sociales, he tenido la posibilidad de volver a tener contacto con una persona que no veía hace unos 17 años, cuando ella tenía 14  y yo 16. Si bien es una franja de tiempo considerable y muchísima historia en el medio de cualquiera de los dos, luego de conversar un rato, noto elementos esenciales de la persona que había conocido en aquel entonces y que el tiempo y los hechos no alteraron.

Muchas veces nos dolemos de las cosas que nos pasan, nos quejamos porque nos tocó vivir tal o cual cosa, unos lograron esto, yo lo no logré, yo viví algunas cosas que otros no vivieron y quizá no les toque vivir. La vida tiene la capacidad de moldearnos con una experiencia muy amplia y poner a nuestra disposición un gran paquete de decisiones que es absolutamente único.

Tengo la sensación de que este auge de las redes sociales, minimiza la existencia de las personas a un perfil, un paquete de fotos, unas cosas que le gustan, unas cosas que dice. Sin embargo, nos estamos perdiendo de un montón de detalles. Nuestras vidas son mucho más amplias que la música que nos gusta, nuestra opinión política, nuestras creencias religiosas, etc… Aún así, nuestra mente tiende a la eficiencia y por eso minimizamos la existencia a detalles.

Podemos cometer el error de creer que nuestra vida tiene mil cosas, de las buenas y de las malas, fortuna o tormento y pensar que la de los demás parece pequeña en relación a la nuestra. Esa simplificación no nos deja ver la esencia de la persona y no nos permite comprenderla como un ser que a lo largo de su historia, ha experimentado alegrías tal como lo hemos hecho nosotros, también algunos sufrimientos, emoción, enojos y demás, aunque no por las mismas razones y experiencias que nosotros.

Somos rápidos para juzgar y a veces más rápidos de lo que desearíamos. Incluso quienes somos enemigos del juicio y queremos llegar a la esencia de las razones del otro nos vemos frecuentemente sorprendidos por comentarios traicioneros de nuestra mente como “no me gusta”, “en esto le erró”, ” es que tiene que hacer (tal o cual cosa)”, “yo en su lugar haría esto” (y muchas veces lo dije sin ponerme en el lugar). En muchos casos, tenemos las mejores intenciones, queremos darle el mejor consejo a los demás y ser luz en sus vidas, pero no deja de ser un consejo desde nuestro punto de vista.

Creo que dejarse sorprender y recibir al otro con lo que tenga que aportar, puede ser una muy linda experiencia, y despertar una intensa sensación de gratitud en dos personas, cada una con su realidad, pero que comparten un momento en su historia.

Nada que demostrar…Todo para fracasar

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Con frecuencia leo y escucho de personalidades reconocidas la frase “no tengo nada que demostrar”. Me parece una frase realmente poco inteligente ya que lo único que está diciendo es que no aportará mucho más de lo que ya ha brindado y que pase lo que pase, su calidad está en cierto modo asegurada.

En el último año he llevado un cierto seguimiento de las personas que emiten estas frases. Suelen ser por lo general individuos que ya pasaron sus mejores años en aquello en lo cual se destacaron. Suena más a ansias de no perder valor o al menos que su imagen no la pierda. Veo también que esas personas que anunciaron no tener nada que demostrar, tienden a estar teniendo un rendimiento bajo o inferior al esperado en sus actividades.

Lo que me parece evidente, es que en un mundo de constante evolución, lo que ayer sirvió puede ayudar y ser realmente destacable, pero no es una garantía de éxito en nuestros días. Creer que lo brindado en el pasado es suficiente es un acto de soberbia, y es altamente probable, que esa persona no se esfuerce por seguir escribiendo páginas de gloria. Conozco infinidad de casos donde estas actitudes han llevado al desastre. Vivo en Punta del Este, una ciudad balneario reconocida en Uruguay y en la región. Muchas personas la han llamado “la tumba de los cracks” porque hay tenido la capacidad de llevar a la quiebra a muchos que se creían imbatibles y que todo aquello que tocaban se convertía en oro.

Por muy de moda que se pongan las teorías metafísicas del “pide y se te dará”, no he visto hasta ahora un camino que a la larga sea tan eficaz como la humildad y el trabajo duro. Cada quien toma sus decisiones y deberá hacerse cargo. El viento puede soplarnos en contra y hacernos creer que nuestro esfuerzo es bastante inútil, pero en este mundo evolutivo, la constancia y la permanente búsqueda, acompañada con una buena dosis de paciencia, pueden dar excelentes resultados en determinado momento.

Siempre están las puertas abiertas para demostrar al mundo todo lo que podemos dar, así como lo hemos hecho antes y todo lo que podamos crear. Cuando nos presentamos con un certificado en la frente como nuestra principal virtud, podemos estar presentándonos como la nueva estrella del ayer y poco queda esperar de nosotros a mediano plazo. Los certificados hablan de nuestra historia, pero en este mundo competitivo se necesita generar la sensación de que vamos a acercar al éxito a quienes cuenten con nosotros.

Por amor a la excelencia

En 1886 Frédéric Auguste Bartholdi creó la Estatua de la Libertad con la ayuda de Gustave Eiffel. Quienes han tenido la posibilidad de sobrevolarla a corta altura, dicen que la precisión en el diseño de cada cabello está increíblemente cuidada.

Lo que me resulta interesante de este asunto, es que en esa época, no existían los vuelos que permitieran apreciar tales cuidadosos detalles. Realmente, sea la libertad o el motivo que fuera, inspiró a Bartholdi a ser realmente excelente en su trabajo.

En nuestra vida cotidiana es frecuente que esperemos reconocimiento por los actos a los que hemos dedicado nuestros mejores esfuerzos. También resulta bastante normal lamentarse por no recibir los comentarios que esperamos.

Desde mi punto de vista, si nos basamos en el reconocimiento de los demás, más temprano que tarde estaremos frustrados y desilusionados. Corremos el riesgo de desanimarnos y así de dejar de dar lo mejor de nosotros.

Creo que siempre debemos manejar la fe en cierto principio supremo. Puede ser la libertad, Dios, el Karma, el amor, la excelencia o lo que sea que nos inspire. Si nuestra inspiración es un mundo caído en elementos impermanentes (cargado de apego a bienes materiales, doctrinas cerradas, etc…) es inminente que vamos a ser frustrados y seguramente sean muy pocas las personas que puedan captar la dimensión y la importancia que nosotros le adjudicamos a nuestra tarea.

Siento que esta inspiración, por amor a lo que hacemos con lo mejor de nuestros talentos, dará lugar a excelentes creaciones y podremos sentirnos realmente satisfechos si sabemos que lo que hicimos, parte de nuestra esencia más profunda. Poner el foco en la respuesta ajena, puede tener algunos beneficios a corto plazo pero es probable que desoriente nuestra intuición acerca de lo que realmente debemos hacer.

Más allá de estas reflexiones, satisfacer a los demás me parece algo muy noble y la voluntad de lograrlo me parece necesaria para una buena convivencia. Quizá el riesgo está en comprometernos con los resultados de manera excesiva. La cultura del error y del perfeccionismo, le quita carácter lúdico a nuestra existencia y nos ata a estándares que quizá no sean tan necesarios y limiten nuestra creatividad a niveles marginales. Esto no quiere decir que nos descansemos en la mediocridad, pero que consideremos cada intento un ensayo y una experiencia para mejorar en una nueva oportunidad.

No juzgues tu día por la cosecha que recoges, sino por las semillas que plantas – Robert Louis Stevenson

Puentes que nos hacen crecer

Isaac Newton decía que las personas construyen un gran número de muros, pero no la cantidad suficiente de puentes.

Uno de los temas que más despierta mi interés en los últimos meses, es la constante dualidad en la que vivimos las personas y que poco conscientes somos de ello muchas veces. Nos encanta embanderarnos con un club deportivo, con una nacionalidad, con un partido político con un sinfín de cosas. La mayor parte de esos elementos con los cuales nos identificamos, sólo tienen que ver en parte con nosotros, pero muchas veces les damos una importancia enorme.

Lo que el hombre ha hecho con el hombre (en el sentido de ser humano) a lo largo de la humanidad, es indescriptible en términos de horror. Matanzas indiscriminadas en nombre de nacionalidades, religiones, razas, partidos de fútbol o el elemento de idiotización que esté de moda.

El Dalai Lama hace una analogía interesante de este tema con un restaurante, donde los comenzales toman su menú, eligen distintos platos pero se sientan en la misma mesa. Creo que nosotros deberíamos hacer lo mismo con nuestras preferencias y comprendernos siendo uno junto con los demás, en una misma mesa, con estricta interdependencia. Aún las personas de carácter independiente, caen a veces en la ceguera de sentir que nunca van a necesitar a nadie. Sin contar que necesitan que alguien les construya la casa en la que viven, les tienda el cableado de energía eléctrica, les haga el saneamiento, le venda los alimentos en el supermercado, les arregle el auto, etc… La cadena de la interdependencia es larguísima y claramente comprobada si ampliamos nuestra perspectiva.

Tantas veces escucho decir, “mi país”, “mi trabajo”, “mi familia”, “mi auto”, mi, mi, mi, mi mi…. Defiendo la propiedad privada, no pasa por negar lo que es de cada uno, pero a veces, a esa propiedad nos aferramos tanto, que pareciera que el club, el trabajo, la familia, la nacionalidad, el partido político y lo que sea lo tiene a uno y no es uno el que posee esas cosas. Nos cuesta tanto a veces ver a los demás y a nuestras supuestas pertenencias transitorias como elementos propios que realmente negamos en buena parte nuestra existencia individual.

Las personas de nuestro entorno, no son nuestras, eso es claro, o creo que debería serlo. Sin embargo, sí es nuestra la imagen que tenemos de ellas y son parte de nuestra vida en ese sentido. Si tendemos puentes, no nos disminuimos, nos hacemos más grandes, alimentamos y nos dejamos alimentar, crecemos y nos expandimos. No tenemos necesidad de ser amigos de todo el mundo pero sí reconocer en las personas a seres con nuestra misma capacidad de experimentar satisfacción, alegría, dolor y sufrimiento, es mucho más lo que nos une, que lo que nos separa.

Si entendemos a los demás como parte de nuestra existencia, ayudándolos a ellos, nos ayudamos a nosotros mismos.

¿Quiénes forman nuestro equipo?

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Ayer leía en el New York Times una nota sobre la liga profesional de basketball de China y un vocero de la misma destacaba un elemento interesante. Decía que los extranjeros no vienen a China obtener beneficios, sino a hacer a los chinos mejores. Se refería a la participación de jugadores estadounidenses en el país asiático. China es grande, en población, en ciertos aspectos de su evolución, sobre todo tecnológica, y también grande en autoritarismo y censuras, pero no es la idea aquí hablar de China.

¿Realmente estamos alertas de las personas que entran en nuestra vida? Personalmente, veo con mucha frecuencia la manipulación, el abuso, el pulular de ventajeros, muchas veces para obtener cosas de un valor muy perecedero. Estas no son las personas que necesitamos en nuestro entorno.
Si bien esta reflexión puede leerse en primera instancia egoísta, es importante aprovechar la presencia de las personas de nuestro entorno para crecer y hacernos mejores, desde luego, sin manipularlas ni abusar de ellas. Aunque nos parezca que algunas personas nos aportan poco, a veces por ser preferencialmente diferentes a ellos podemos sacar ventaja. Podemos practicar nuestra compasión, nuestra mayor perspectiva y un montón de cualidades que nos van a resultar beneficiosas.
De todas formas, pienso que hay personas, no necesariamente malintencionadas, pero con escasa conciencia de la situación, que abusan, que simplemente se creen con ciertos derechos sobre los demás. Muchos con la soberbia de pensar que ellos son muy inteligentes y que los demás no se van a dar cuenta o si se dan cuenta, que se manejen en cierto modo.
Es importante formarse de un buen equipo alrededor. Esto no quiere decir que seamos drásticos y que borremos un 70% de nuestra agenda. Sí quiere decir que necesitamos al menos, tener conciencia de personas con las que sí podemos contar, que nos impulsan a superarnos día a día. Creo que debemos asegurarnos que esas personas reciban los mejor de nosotros y valorar lo que recibimos de ellas. Aprovechemos cada una de nuestras relaciones para mejorar.
Los invito a hacer un examen profundo y preguntarse, quizá sí, mirando la agenda: “¿De qué manera esta persona me podría hacer mejor”? Muchas veces, las respuestas se orientarán a superarlos en algunos aspectos, sobre todo si encontramos que el individuo en cuestión tiene puntos claramente débiles. En cierto tema: “¿Qué personas necesito o necesitaría a mi lado?”, “¿Quiénes me pueden aportar algo significativo?”, “¿A quienes puedo servir de manera eficaz de modo de crecer espiritualmente y seguir aprendiendo? Es probable que esas personas que incluyamos en la lista estén contentas de poder servirnos si son personas de buena voluntad. Algo he comprobado en estos años, y es mencionado desde que el mundo es mundo, las personas a las que les gusta servir, son las personas que nos sirven. Si tenemos en nuestro entorno gente poco servicial y con escaso sentido de gratitud, podemos empezar por ser el mejor ejemplo.

Las promesas de Año Nuevo y la ilusión del control

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Llevamos ya unos días de 2012 y es probable que muchos de ustedes hayan comenzado a implementar algunos de los planes o proyectos que tenían para este año. Si están por estas latitudes, es más probable que estén de vacaciones, pero eso también puede ser parte del plan.

Son un tema recurrente de conversación durante las fiestas o los primeros días del año los proyectos a realizar en el mismo. Muchas veces quedan en meras expresiones de deseo, otras veces son planes realmente bien organizados y con determinación. Con el empuje de algunos éxitos literarios de los últimos años, se hace frecuente expresar los deseos como ya cumplidos o repetirlos una y otra vez para afirmarse en la creencia de que se realizarán. Allí entra en juego la ilusión del control.

La ilusión del control nos acompaña en buena parte de nuestra vida y la manifestamos cuando damos por hechos algunos sucesos que aún no han sucedido o cuando nos fijamos metas con gran presión para cumplirlas. Sin ánimo de ofender a los entusiastas de los libros que hablan de la llamada “Ley de Atracción”, me queda la sensación de que toda esa literatura cumple el fin de alimentar esta ilusión del control. A la gran mayoría de las personas no les gusta la incertidumbre, por más que lo desconocido pueda ser sumamente favorable. Si apreciamos algunos slogans de estos libros, veremos mucho de  ”Haz realidad tus sueños”, “Consigue todo lo que deseas”, etc…. Si analizamos esas invitaciones, tenemos claras promesas de control sobre la naturaleza e incluso los deseos de otras personas.

Considero que la fijación de metas es un sistema comprobado para cumplir con algunos objetivos y que implementarlo puede darle excelentes resultados a quien lo lleva a la práctica. Sin embargo, está cargado de ilusión de control, y más aún cuando se describe este proceso paso a paso. Muchas veces no nos damos cuenta de esta situación y virtualmente negamos la interdependencia de un gran número de fenómenos que se requieren para que tales metas se cumplan. El hecho es que por más que repitamos miles de veces algunas afirmaciones, no sabemos lo que va a pasar y más aún, ni siquiera sabemos si realmente deseamos aquello que planteamos en las metas.

Las metas y proyectos, como dijimos, nos pueden impulsar de manera increíble. Sin embargo, cuando las manejamos con apego y terquedad, nos pueden llevar a una pérdida de tiempo y a tremendas frustraciones al no ser conscientes de un gran número de factores que deberíamos conocer y tener en cuenta a la hora de establecer una meta.

No quiero decir que no debamos poner todo el corazón en pos de nuestros sueños y objetivos. Sin embargo, creo que no nos favorece el compromiso excesivo con los resultados, ya que creo que hay evidencia suficiente de que no controlamos todo lo que decimos controlar al plantear nuestras metas.

Los invito a disfrutar de este año con alegría y espontaneidad. A poner el alma en cada momento y aceptar la sorpresa y el fluir natural de los hechos. A que dejemos de controlar cada aspecto del universo, que tiene su propia dirección y nos enfoquemos en nuestras acciones. A que afrontemos cada desafío por amor al juego y no por apego a un resultado de validez transitoria.

Contra las apuestas

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Hace unos días, siguiendo un partido de basketball en TV, un jugador joven toma  y encesta un tiro de tres puntos en las últimas décimas de segundo para darle la victoria a su equipo. Para quienes no son entendidos de este deporte, es un tiro que se consigue en el mejor de los casos en un 40% de los intentos y en las últimas instancias digamos que puede estar cerca de un 25%.

En este caso la probabilidad no era tan baja (si consideramos el entorno del 20%), aunque entendiendo que no se trata de un experto, las posibilidades no estaban todas de su lado. En un primer instante lo entendí como una audacia de alto riesgo, tomó él mismo una decisión que determinaba la victoria o el fracaso de su equipo. Pensé, “qué coraje! qué nervios de acero! lo que habrá sido ese momento!”. Luego, con las horas pensé diferente, en verdad no era para verlo como algo tan irracional. Tenía la pelota en sus manos y seguramente su entrenador, compañeros y el público esperaban que errara, es esperable en un novato. Sin embargo, el acierto haría que se hablara de él, como figura, como gran adquisición, etc… Lo cierto es que llegué a la conclusión que no tenía demasiado que perder y mucho que ganar.

Sacando la situación del contexto específico de ese partido y del basketball, quizá les haya pasado o hayan visto personas para las cuales, tomar ciertas decisiones, desde su posición, es casi una locura, y tiene poco sentido pensar siquiera en intentarlo. Sin embargo, tomar algunas decisiones “contra las apuestas”, puede ser muy sensato y ser aquello que nos ayude a dar un salto en el área que estamos tratando, y es probable que el costo sea bajo, porque en esos casos, se esperaba poco de nosotros. Desde luego, endeudarse hasta el punto de hipotecarse en gran medida por un negocio alocado, no es un ejemplo de lo que estoy hablando. Me refiero simplemente a decisiones de bajo costo ya sea económico, emocional, espiritual.

Tengo una segunda reflexión sobre este punto. A veces, muchos nos sentimos heridos cuando se nos desvaloriza, se apuesta poco por nosotros o se ironiza sobre nuestros planes. Viéndolo desde otra perspectiva, estamos en la mejor posición para dar la gran sorpresa y no tenemos la presión que tendríamos si las personas contaran con nuestro éxito asegurado. No es sencillo desapegarnos de algunos comentarios, pero esta es una perspectiva diferente que podamos llegar a desarrollar.

¿Cuáles son las áreas de tu vida en las cuales la gente apuesta poco por ti? ¿Hay decisiones de bajo costo que puedan ayudarte a dar el salto?

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