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abandono, costo, fracaso, grados de decisión, toma de decisiones
Desde que comenzamos nuestra jornada estamos tomando decisiones. Aún cuando pensamos que las estamos postergando, también estamos decidiendo postergarlas. Por eso creo que analizar las decisiones que tomamos cada día es sumamente importante porque definen gran parte de lo que nuestra vida resulta y también las cosas de las que debemos hacernos cargo.
Si observamos nuestras decisiones, vamos a notar que las hay más fuertes y más débiles. Si somos realmente agudos y nos entrenamos en esto, le podemos dar un grado a la decisión, puede ser en una escala de 1 a 10 o como deseen. En base a nuestras decisiones también serán nuestras acciones. No podemos esperar que de una decisión de grado 3 o 4 tengamos una acción fuerte en un grado de 8 o 9, aunque en algunos casos pueda darse porque nos lo imponemos. Tarde o temprano nuestras acciones reflejarán la fuerza de la decisión.
Hay aquí un elemento clave a tener en cuenta, si lo observan, pueden apreciar que hay una relación entre las decisiones y acciones fuertes y los resultados que provienen de ellas. También podemos pensarlo en niveles de “temperatura”. Tomamos una decisión tibia, esta no tardará en enfriarse y con ello nuestra voluntad y empeño al actuar. A no ser que el destino nos abra las puertas sin esfuerzo, estaremos cercanos a la línea del abandono o lo que es similar, del fracaso.
No podemos obligarnos a sentir una decisión fuerte que no lo es naturalmente. Quizá necesitamos argumentos para darle fuerza y eso no siempre es una labor sencilla, sobre todo cuando una decisión implica algo que no deseamos directamente. En muchas ocasiones hay cierto miedo a tomar una mala decisión y por eso actuamos dubitativamente, hasta cierto punto queremos los resultados, o no queremos pagar todo el costo, o nos estamos obligando o directamente no sentimos lo que estamos decidiendo. Muchas de esas decisiones no son a plena conciencia, se toman porque no nos queda más remedio y creemos que podemos hasta cierto punto deslindar nuestra responsabilidad. El problema surge cuando vienen las consecuencias de esa decisión a medias y tenemos que pagar hasta su última consecuencia. En otros términos, tomar veneno decididamente o medio decididamente, va a arrojar consecuencias muy similares.
La idea que busco comunicarles es que consideren tomar todas las decisiones a conciencia y que sean decisiones fuertes. Si no tienen la fortaleza natural, buscarle la manera o la vuelta para que sí la tengan y para que recibamos algo más similar a los resultados que queremos y podemos esperar.
¿Cuál es el grado de la mayoría de tus decisiones? ¿Pagaste consecuencias no deseadas por decisiones tibias?